<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655</id><updated>2011-04-22T00:29:49.054+02:00</updated><title type='text'>Las historias de Isabela</title><subtitle type='html'>Este blog está dedicado a contar las aventuras de Isabela©, una niña de 11 años que es investigadora y los misterios a los que se enfrenta</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>33</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115767428228273424</id><published>2006-09-08T01:58:00.000+02:00</published><updated>2006-09-08T02:11:22.366+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXXII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-No importa ya, Izabela. Por zuerte, la gente de la radio no ze encontraba cerca de aquí con lo que no lez ha pazado nada. Lo importante ez que graciaz a ti todoz loz zonidoz han zido liberadoz y podrán volver con zuz legítimoz dueñoz. Puedez zentirte orgulloza, Izabela. Y, ademaz, el ladrón parece eztar fuera de peligro.&lt;br /&gt;Isabela, aún aguantando a Pluto contra sí, se volvió para mirar al hombre. A su alrededor, ruidos y más sonidos corrían, iban de un lado para otro, como buscando el lugar al que pertenecían. Algunos parecían encontrarlo allí, en el propio rincón, mientras otros, su eco, se perdía a lo lejos, por el camino que se abría entre los árboles.&lt;br /&gt;La niña tardó poco en encontrar con la mirada al hombre. Yacía en el suelo a unos pocos metros de ella, se le veía aturdido, con la mirada perdida. Movía la cabeza de un lado para otro, como para tratar de despejarse, pero no parecía lograr su objetivo. Sin duda, el impacto del estallido había sido fuerte de verdad, incluso para atontar a alguien tan corpulento como el ladrón de sonidos.&lt;br /&gt;-¿Y qué vamos a hacer ahora con él? –preguntó Isabela.&lt;br /&gt;-Me parece que ahora zí –contestó Gabriel –ez el momento de hablar con laz autoridadez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Isabela entró corriendo en casa, seguida por Pluto, que corría, saltaba y ladraba lleno de júbilo. Nada más entrar, se encontró con su madre, que tenía bastante cara de malas pulgas:&lt;br /&gt;-¿Se puede saber dónde has estado todo el día? –preguntó con los brazos en jarra.&lt;br /&gt;-Hola, mamá. He llegado tan tarde porque he estado todo el día viviendo un montón de aventuras: resulta que a Pluto se le perdió el ladrido y fui a poner un anuncio en la radio. Allí me atendieron unas voces (porque en la radio no trabajan personas, sino sólo voces) y me dijeron que fuera a un sitio donde se agrupan todos los sonidos que se le pierden a las cosas, y ahí conocí a una voz (que ahora es muy buen amigo mío) que se llama Gabriel y que cecea y me llevó a conocer a un señor que colecciona sonidos pero él no sabía donde estaba el ladrido de Pluto...&lt;br /&gt;-Bueno, bueno, bueno –trataba de cortar la madre de Isabela –siéntate a la mesa que la cena ya está lista.&lt;br /&gt;Allí estaba ya sentado el padre de la niña, que se levantó al verles entrar.&lt;br /&gt;-Yo no sé de donde saca esa imaginación –decía la madre a su esposo.&lt;br /&gt;-Nos tenías preocupado, pequeña –decía éste.&lt;br /&gt;-Pero es que me han pasado muchas más cosas –trataba de convencerles la niña –porque en realidad el ladrido de Pluto lo había robado un hombre con un aspirador y luego me robó la voz a mi y no podía hablar, con lo que tuve que huir al rincón de los ruidos perdidos...&lt;br /&gt;-¡Vale, vale! –cortó el padre de Isabela enérgico –cena y no nos cuentes historias.&lt;br /&gt;El tono era de enfado, así que la niña agachó la cabeza y se sentó a la mesa, callada, a esperar la comida.&lt;br /&gt;Pobre Isabela, no entendía que sus padres carecían de la capacidad de ver esos pequeños detalles de la realidad que escapan a la lógica común. De participar en ese otro mundo, que, en realidad, es una parte bastante grande de éste, donde las cosas más fantásticas suceden, donde la vida es una aventura constante... Capacidad que la mayoría de los adultos pierden cuando entran en es otro mundo tan, tan importante como es el de las responsabilidades y se olvidan de lo que una vez fue ser niño.&lt;br /&gt;Pese a todo, mientras cenaba, Isabela pensaba una cosa, que le levantó de nuevo el ánimo: si había sido capaz de resolver el misterio del ladrido de Pluto y liberar al resto de sonidos del ladrón de ruidos, tal vez podría resolver otros misterios y buscar solución a muchos otros enigmas. Tal vez podía ser una niña detective. Y, mientras continuaba comiendo y con intención de no contarle nada a sus padres, empezó a darle vueltas a esta nueva y atrayente idea: “Isabela, la niña investigadora”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continuarán en: "Isabela y el país en construcción de Baranbanbarán"&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115767428228273424?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115767428228273424/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115767428228273424&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115767428228273424'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115767428228273424'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/09/el-ladrido-desaparecido-xxxii.html' title='El ladrido desaparecido (XXXII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115754626642623519</id><published>2006-09-06T14:36:00.000+02:00</published><updated>2006-09-06T14:37:46.556+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXXI)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Tenía que intentarlo de nuevo, buscar otra piedra, tirarla y evitar que el hombre se diera cuenta y... ¡Alto! Estaba pasando algo, el cristal se rompía. Poco a poco, el golpe del impacto se iba agrandando y unas finas grietas se iban extendiendo por la superficie del cristal. Desde la parte visible del frasco en lo alto, hacia arriba, hacia abajo, hacia la derecha, hacia la izquierda, lentamente cubriendo todo el espacio. Isabela lo podía fácilmente vaticinar, mirándolo con los ojos muy abiertos: ¡el frasco iba a estallar!&lt;br /&gt;Las grietas continuaban extendiéndose y de cada grieta surgían más y más pequeñas grietas que lo iban recubriendo todo. El portador del recipiente seguía sin darse cuenta de nada, mientras continuaba con su labor de absorber sonidos que le mantenía ocupada toda la atención.&lt;br /&gt;Y así llegó un punto en que toda la parte del recipiente que la mochila abierta permitía ver estaba totalmente cubierta de finas hendeduras. Se podían hasta escuchar los crujidos, los chasquidos del cristal desde el lugar en que Isabela se encontraba. El estallido era inminente, no podía tardar mucho más en producirse. Isabela se giró de medio lado y con los brazos se cubrió la cara como medida de precaución. En cualquier instante la cosa iba a saltar por los aires, el cristal parecía no dar más de sí, iba a reventar... ¡¡y entonces explotó!!&lt;br /&gt;Docenas de pedazos de cristal salieron volando empujados por la fuerza de cientos y cientos de sonidos atrapados a presión en el recipiente y que deseaban con todas sus fuerzas el poder escapar. Tal fue la potencia de la explosión que incluso la mochila acabó hecha añicos y el ladrón de ruidos resultó impulsado hacia el suelo un par de metros frente a sí. Y sin que él pudiera remediarlo todos los sonidos que había capturado escaparon de su constreñida prisión: los del rincón, de todos los tipos imaginables y los que había robado a lo largo de los días en la propia Villaldea. Tantos eran y brotaban con tanta energía que Isabela casi sentía una corriente de aire cuando muchos de ellos pasaban junto a su lado. Resultaban una presencia tan física, tan material que le parecía que, si quisiera, podría agarrar uno con sus propias manos.&lt;br /&gt;Entonces, inesperadamente, vio que Pluto se había acercado junto a ella, dando saltos de alegría y, lo que era mejor, ¡ladrando! ¡El ladrido había vuelto a él, por fin! Se había liberado de su celda y había ido a buscar a su legítimo dueño, su perro Pluto, el bueno de Pluto. La niña se agachó y se abrazó a él, alegre, el can dándole fuertes lametazos en la cara, balanceándose de un lado para otro.&lt;br /&gt;-¡Ah! –se escuchó entonces, una voz que revoloteaba alrededor de ellos.&lt;br /&gt;Isabela lo reconoció de inmediato: era su propia voz, dando tumbos de aquí para allá, repitiendo justo lo último que había dicho antes de acabar en el frasco de vidrio. La niña soltó al perro y se levantó para atraparla. Parecía perdida, como despistada. Isabela trató de atraparla con sus manos, saltando, moviéndose, pero siempre se colocaba justo en el lado contrario de donde pretendía atrapar. La voz siguió moviéndose para arriba, para abajo, para delante, para atrás y entonces, ¡zas!, se la encontró en su propia boca, casi como si hubiese parado ahí por casualidad.&lt;br /&gt;-¡Ven aquí de una vez! –gritó Isabela, que era justo lo que llevaba un rato tratando de gritar y sólo a partir de ese mismo momento pudo hacer.&lt;br /&gt;Y fue cuando pudo decir eso cuando se dio cuenta de que había recuperado su voz. Entusiasmada, dio un salto y agarró de nuevo a Pluto.&lt;br /&gt;-¡Pluto! –gritaba -¡He recuperado la voz yo también!&lt;br /&gt;Y así saltaba y saltaba, llevando a su perro contra el pecho.&lt;br /&gt;-¿Izabela? –se escuchó.&lt;br /&gt;-¡Gabriel, tú también estás bien! –gritó la niña. No necesitó oír más para reconocer de quien era ese ceceo tan característico.&lt;br /&gt;-Zí, cuando tú tirazte la piedra noz zalvazte a mi y a todoz loz zonidoz que eztábamoz atrapadoz –contaba la voz, con alegría palpable.&lt;br /&gt;-Ya, pero casi lo estropeo todo atrayendo sin querer al ladrón. Pretendía buscar a Manuel y al resto de voces de la radio... –se justificaba Isabela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115754626642623519?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115754626642623519/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115754626642623519&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115754626642623519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115754626642623519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/09/el-ladrido-desaparecido-xxxi.html' title='El ladrido desaparecido (XXXI)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115728940700389404</id><published>2006-09-03T14:45:00.000+02:00</published><updated>2006-09-03T15:16:47.273+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXX)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;¡Tenía que hacer algo!, pensaba Isabela. Más aún cuando se consideraba responsable de haber traído a ese monstruo al rincón. ¡Y tenía que hacer algo de inmediato! A la desesperada, se lanzó de un salto a la espalda del hombre y, agarrada a ella, comenzó a atizarle golpes y más golpes por todas las partes que podía: la propia espalda, los brazos, la cabeza... Mientras, trataba de mantener el equilibrio aferrada a la mochila que el hombre llevaba a la espalda y que contenía el famoso recipiente de cristal. Animado por la actitud de su ama, Pluto también se lanzó a atacar al ladrón y comenzó a morderle en las piernas, todo lo que sus pequeños colmillos permitían en los gruesos pantalones de su contrincante.&lt;br /&gt;El hombre era fuerte y por un momento parecía que no le afectaban ni los golpes ni los mordiscos. Pero al de poco empezó a revolverse y a agitarse para quitarse a Isabela de encima. Ésta se agarró fuertemente a la mochila y trató de no caerse por todos los medios.&lt;br /&gt;-¡Quita de encima, maldita cría! –gritó el despiadado hombre.&lt;br /&gt;Y con la mano que tenía libre, cogió a Isabela de la blusa, se la quitó de la espalda y la lanzó al suelo a un par de metros de sí. Afortunadamente, el suelo era de hierba, con lo que la niña no se hizo mucho daño. A continuación, el ladrón dio una fuerte patada a Pluto, que lo lanzó a varios metros de distancia. Si Pluto hubiera podido hablar seguramente, habría lanzado un fuerte gañido de dolor.&lt;br /&gt;-¡Como no os estéis quietos os voy a tener que quitar algo más que vuestras voces! –amenazó el hombre, lanzando una fiera mirada.&lt;br /&gt;Isabela, asustada, tumbada en el suelo, le miró sin saber cómo reaccionar. Cuando el ladrón comprobó que la niña no tenía intención de hacer nada, se giró para continuar con su labor. Todo esto había servido para que detuviera un momento su labor, pero ahora volvió a empuñar su tubo succionador y continuó absorbiendo más y más sonidos, con una diabólica sonrisa en sus labios.&lt;br /&gt;Entonces, cuando el hombre se dio la vuelta, pudo ver Isabela que la mochila a la que había estado sujeta se había abierto en parte y se podía ver el enorme recipiente de cristal, donde más y más sonidos se iban acumulando. Ahí donde se encontraban atrapadas su voz, la de Pluto y el pobre de Gabriel. ¡Tal vez podía hacer algo!, pensó la niña entonces. El vidrio parecía frágil, quizás con un golpe...&lt;br /&gt;Rápidamente, miró a su alrededor, ¿qué podría utilizar, qué podía encontrar que le fuera útil? Tan sólo había más y más hierba, una interminable extensión verde. ¡Espera! Ahí había algo. ¡Eso era, una piedra grande y contundente! Andando a gatas sobre el césped, se acercó hasta ella, velozmente. El hombre seguía frente a la pequeña, ajena a sus movimientos; más lejos, Pluto, yacía tumbado en el suelo, doliéndose del golpe y con cara de pesadumbre.&lt;br /&gt;Isabela tomó la piedra y se levantó. La alzó y apuntó cuidadosamente; no podía fallar, tenía que acertar en el cristal y además hacerlo con la suficiente fuerza para romperlo. Así que apuntó y apuntó, echó el brazo con la piedra hacia atrás, inclinó la espalda y trató de coger toda la fuerza posible antes de... ¡lanzarla! La piedra voló por el aire un breve segundo y ¡chocó contra el cristal! ¡Bien, había acertado! Isabela vio cómo la roca dejaba una fuerte marca blanca en el recipiente, pero la alegría duró sólo un segundo: ¡no se había roto! Estaba claro que el cristal era más resistente de lo que parecía. Por suerte, el hombre no había notado nada, concentrado como estaba en absorber de modo frenético todos los sonidos del lugar, mientras, ahora, había comenzado a reírse de modo histérico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115728940700389404?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115728940700389404/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115728940700389404&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115728940700389404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115728940700389404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/09/el-ladrido-desaparecido-xxx.html' title='El ladrido desaparecido (XXX)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115711953956975749</id><published>2006-09-01T16:02:00.000+02:00</published><updated>2006-09-01T16:05:39.586+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXIX)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Pero no había tiempo para seguir pensando en ello. De nuevo echó a correr por la ruta que tenía frente a sí, seguida como siempre por su fiel Pluto. Ambos formaban una imagen algo insólita porque a pesar del esfuerzo de la carrera ninguno de los dos emitía sonido alguno, prisionera como tenían ambos su voz.&lt;br /&gt;Al poco de correr, los dos empezaron a escuchar ya el trasiego del rincón, todo el bullicio de los sonidos perdidos de Villaldea. Ahora no había lugar para la sorpresa, porque Isabela ya sabía que al final del camino tan solo se iba a encontrar con una extensa explanada de hierba, donde no iba a hallar absolutamente nada, al menos para la vista.&lt;br /&gt;Corriendo, corriendo, llegaron por fin ante la abertura entre los árboles que daba entrada al rincón, en lo alto de una pendiente. Sin detenerse un momento y sin dejarse intimidar ya ni un segundo por el enorme barullo que venía desde el otro lado, ambos, Isabela y Pluto cruzaron la entrada y entraron en el rincón de los ruidos perdidos.&lt;br /&gt;Todo seguía siendo como la vez anterior que habían estado allí: una cacofonía de sonidos de todos los tipos imaginables que invadían por completo el espacio que tenían frente a sí. Realmente era una sensación abrumadora. ¿Cómo iba a encontrar ahí entre tanto sonido a alguna de las voces de la radio, y más aún cuando ni siquiera podía gritar? Isabela trató de atisbar a lo lejos como si mirando pudiera encontrar alguna pista que le ayudara o alguna señal de las voces que buscaba.&lt;br /&gt;-¡Vaya, vaya, vaya! ¿Qué es lo que tenemos aquí? –exclamó una voz a su espalda, una voz que le puso la piel de gallina a Isabela.&lt;br /&gt;La niña se giró. ¡Era el ladrón de sonidos! ¡Y en el rincón de los ruidos perdidos! ¿Qué había hecho? Le había servido de guía perfecta al muy malvado hasta este sitio y ahora las consecuencias podían ser inimaginables.&lt;br /&gt;-¡Jajaja! –se reía el muy ruin –sabía que hacía bien al seguirte. Primero hasta la radio y luego por el camino del bosque. Es curioso, pero nunca me había preguntado hacia dónde llevaba ese camino, a pesar de ser bastante visible. Si hubiera sabido el botín que me esperaba... miles y miles de sonidos escapados de no se sabe donde, aquí reunidos, formando un concierto ensordecedor. Si mis auriculares apenas me ayudan a proteger mis débiles oídos de toda esta algarabía La de limpieza de sonidos que voy a tener que realizar aquí... –y el hombre ponía los brazos en jarra y se dedicaba a mirar hacia delante, admirando el enorme trofeo que le aguardaba.&lt;br /&gt;Isabela lo miraba aterrorizada: ¡iba a absorber todos los sonidos del rincón! Era terrible, tenía que hacer algo desesperadamente o todo el sitio desaparecería, el producto de años y años de sonidos perdidos allí reunidos.&lt;br /&gt;-Gracias, pequeña, –decía ahora el ladrón, dirigiéndose a Isabela –me has hecho un gran favor, pero ya no me haces falta y ahora voy a tener mucho trabajo que realizar.&lt;br /&gt;Y apartándose de la niña, levantó su tubo succionador. El pequeño radar que lo coronaba parecía haberse vuelto loco: trataba de girar a un lado y a otro para señalar todos los sonidos que tenía frente a sí, pero era tal la cantidad que cuando había apuntado a uno, ya tenía que volver a moverse para señalar a otro; y más parecía que sufría un ataque de epilepsia que otra cosa. Al mismo tiempo, la luz roja de su punta parpadeaba con un frenesí tal que parecía que iba a estallar en cualquier momento.&lt;br /&gt;El hombre, con el tubo ya en lo alto, esperó un segundo antes de apretar el gatillo, como si disfrutase paladeando ese último momento antes de la limpieza total. Y ya, finalmente, lo pulsó, ante la aterrorizada mirada de Isabela. Frente a ella comenzaron a pasar sonidos y más sonidos que eran absorbidos uno detrás de otro por el maléfico artilugio del ladrón: el claxon de un coche, la ráfaga de disparos de una metralleta, una sierra mecánica cortando un árbol, la chimenea de un trasatlántico, una llave girando en una cerradura, el graznido de un cuervo, el desagradable chirrido de unas uñas pasando por una pizarra...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115711953956975749?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115711953956975749/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115711953956975749&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115711953956975749'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115711953956975749'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/09/el-ladrido-desaparecido-xxix.html' title='El ladrido desaparecido (XXIX)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115694936986538957</id><published>2006-08-30T16:47:00.000+02:00</published><updated>2006-08-30T16:49:29.886+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXVIII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-¡Jajajaja! –se rió el malvado personaje –deberías verte la cara. ¡Anda, corre, vete a contarle a todo el mundo que un señor se ha quedado con tu linda vocecita! ¡Jajajajaja!&lt;br /&gt;Esto fue lo que motivó un poco por fin a que Isabela se pusiera en movimiento, porque incluso Pluto se había quedado paralizado mirando a su dueña cómo sufría sin poder hablar. Sin ninguna idea fija, Isabela se echó a correr, seguida por el perro, mientras trataba de pensar en alguna idea. Atrás dejaron al ladrón de sonidos que continuaba riéndose, disfrutando con el sufrimiento de la niña.&lt;br /&gt;Y mientras corría, Isabela trataba de tranquilizarse y de pensar en alguna idea. ¿Qué podía hacer ahora? ¿Cómo iba a recuperar su voz? ¿A quién podía acudir? Tal vez yendo a donde Alfonso, el inventor de sonidos, o a la tienda del señor Constancio. Sin embargo, se preguntaba Isabela, ¿iba a recordar el camino hasta ellos? Al fin y al cabo, fue Gabriel quien hizo de guía en la ocasión anterior. La pequeña detuvo su carrera incontrolada y se paró a ver dónde se encontraba. Pluto, se frenó también, siempre a la espera de ver lo que hacía su dueña.&lt;br /&gt;Isabela miró hacia un lado y hacia el otro tratando de reconocer el sitio donde se encontraba. Era una calle peatonal, tan solo pasaban algunas personas de aquí a allá de vez en cuando. Tal vez debiera preguntar a alguien cómo ir a los sitios pero, ¿cómo iba a hacerlo cuando no podía hablar? Difícil hacerlo únicamente mediante señales. Seguía andando haciéndose estas cuestiones cuando entonces, a la distancia, vio algo que le podría ayudar, una señal que indicaba: “Estación de radio”&lt;br /&gt;¡Claro, la emisora! ¿Cómo no había pensado en ello? Ahí podría hablar con Manuel y con Raquel y con Daniel y aunque fuese por señas seguro que sabrían entenderle.&lt;br /&gt;La señal indicaba que debían torcer la primera calle a la izquierda. Isabela le hizo una seña a Pluto de que le siguiera y a paso rápido fueron en la dirección indicada. La verdad es que tenían la radio más cerca de lo que pensaban, Isabela estaba totalmente desorientada, ya que se encontraba justo al final de esa calle. ¡Genial! Ahí iban a saber ayudarla. Les contaría todo lo que había pasado, lo del ladrón de sonidos, lo de Gabriel y lo de su voz y seguro que entre todos encontrarían una solución.&lt;br /&gt;La niña se echó a correr, estaba impaciente, desde la esquina debía haber unos 100 metros en línea recta hasta la emisora. Finalmente, casi sin aliento, Isabela llegó hasta la puerta. La vez anterior, recordó, había una nota que le indicaba si debía llamar al timbre o no, así que se fijó antes de pulsar. Y sí, sí que había una nota, sin embargo esta vez no le gustó nada a Isabela lo que decía: “Hola, no te molestes en llamar, porque no estamos ninguno dentro. Hemos acabado de trabajar por hoy y hasta mañana no volvemos. Vuelve a la mañana y te ayudaremos en todo lo que podamos. ¡Hasta luego!”&lt;br /&gt;¡No, vaya contrariedad! Claro, con toda la aventura y de aquí para allá todo el día había perdido la noción del tiempo y ya estaba atardeciendo, con lo que las voces habían dejado de trabajar por hoy. Seguramente emitirían programas pregrabados con los que rellenar la emisión del resto del día para cuando ellos no pudieran estar.&lt;br /&gt;¿Y ahora qué podía hacer? ¿A quién podía acudir? ¿O esperar hasta el día siguiente a que abrieran de nuevo la emisora? ¡No, espera, una idea mejor! Isabela recordó que las voces de la radio le habían dicho que vivían en el rincón de los ruidos perdidos. Podía pedirles ayuda ahí. Y hasta este sitio sí que sabía cómo ir, tan sólo tenía que volver a seguir las instrucciones que los chicos de la radio le habían dado.&lt;br /&gt;Sin pensarlo un segundo más, le hizo un gesto a Pluto para que le siguiera (ahora era la única manera que tenía de entenderse, claro, mediante gestos) y se echó a correr por la calle que tenía a su derecha. Llegó hasta el final de ésta y se encontró con una carretera. Al otro lado se encontraba un bosque, tal y como lo recordaba Isabela. Cruzó la carretera y siguió hacia su izquierda, siempre pegada al bosque. Anduvo unos instantes y pasó por delante de un camino, que se introducía entre los árboles, sin prestarle atención. ¡Un momento! Debía seguir por él, que era el camino que nadie se pregunta a dónde lleva y que conducía al rincón de los ruidos perdidos. Como en la vez anterior, por alguna razón, no sentía curiosidad de saber a dónde llevaba ese camino y lo había dejado pasar sin darle importancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115694936986538957?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115694936986538957/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115694936986538957&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115694936986538957'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115694936986538957'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xxviii.html' title='El ladrido desaparecido (XXVIII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115678226962483080</id><published>2006-08-28T18:21:00.000+02:00</published><updated>2006-08-28T18:24:29.656+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXVII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Pero la voz no pudo hacer nada. Frente a los ojos de Isabela, ese “¡No!” se estiró, se alargó, viajó por el aire y en cuestión de un momento fue absorbido por el tubo del hombre. Por un momento, pareció ofrecer resistencia, que la ”o” de la sílaba se negaba a entrar y aguantaba un largo segundo antes de entrar por el conducto, pero finalmente todo el esfuerzo de Gabriel fue en vano y fue tragado irremediablemente.&lt;br /&gt;-Vaya- dijo el ladrón de sonidos, poniendo cara de admiración –creo que es la primera voz que capturo dentro de la larga lista de ruidos que he hecho callar hasta ahora. –y miraba su aspirador, con curiosidad.&lt;br /&gt;Isabela estaba con la boca abierta: ¡ese hombre se había tragado a Gabriel con su aparato aspirador! ¡A su amigo! Lo había hecho prisionero en un espacio diminuto (seguramente el tarro de cristal que le había comprado a Alfonso y que llevaba a la espalda bajo esa funda) junto con una multitud de ruidos, voces y sonidos. Tenía que liberarle, no podía dejarle atrapado en manos de ese hombre tan malvado.&lt;br /&gt;-¡No! Tienes que soltar a Gabriel. Es mi amigo –gritaba la niña.&lt;br /&gt;-¿Sí? ¿Tu amigo? Pues creo que tu amigo se va a encontrar mejor en mi tarro, donde no moleste a nadie, con su agobiante ceceo. Sólo espero que no le moleste la compañía, que puede resultar de lo más... ruidosa –y el hombre estalló en unas fuertes risotadas.&lt;br /&gt;Las risas le molestaron a Isabela y le hicieron sentirse aún más enfadada. Se acercó hasta el ladrón y con sus pequeñas manos empezó a pegarle en el brazo al hombre.&lt;br /&gt;-¡Tienes que soltar a Gabriel! ¡Tienes que soltar a Gabriel! ¡Eres una persona malvada! ¡Te odio, te odio! –y Pluto saltaba alrededor de él y se acercaba para morderle, pero poco daño podía hacerle con los gruesos pantalones que llevaba.&lt;br /&gt;-Mira, niña, estás empezando a cansarme. –dijo el ladrón, quien no se apartaba y dejaba que Isabela le atizase con sus débiles golpes –Como no pares ya, voy a tener que hacer algo para que me dejes en paz.&lt;br /&gt;Sin embargo, Isabela, enrabietada, no escuchaba y continuaba golpeando y golpeando al hombretón, quien parecía que no sentía nada; y, mientras, gritaba y decía cosas sin sentido. Pluto seguía, también, tratando de atizar algún mordisco, aunque poco resultado obtenía, la verdad.&lt;br /&gt;Finalmente, la paciencia del hombre pareció llegar a su fin. De un manotazo, apartó de sí a Isabela y dijo:&lt;br /&gt;-Ya me he cansado de oírte, niña, ¿y sabes cuál es la mejor manera de solucionar eso? –preguntó mientras levantaba con su mano derecha el tubo succionador.&lt;br /&gt;Isabela volvió en sí rápidamente y al ver el artilugio, entendió al instante la maligna intención de la persona que tenía frente a sí. ¡Le quería robar a ella su voz! Tremendamente asombrada y asustada, consiguió decir en un primer momento:&lt;br /&gt;-¡Ah!&lt;br /&gt;Y seguramente a Isabela le hubiera gustado poder decir algo más, tal como: “¡No, no lo hagas!”; o algo así como: “¡Por favor, mi voz no!”; sin embargo, el hombre ya había apretado el gatillo y había puesto en funcionamiento el temible artefacto. La niña se tapó la boca con las manos como así pudiera evitar que el sonido escapase de sus labios, sin embargo, ya era tarde.&lt;br /&gt;Isabela casi pudo verlo con sus ojos, su voz saliendo desde la boca, flotando por el aire, dirigiéndose al tubo aspirador, casi en cámara lenta. En un último y desesperado intento, extendió las manos para tratar de atraparlo pero tan sólo prendió el aire, mientras su “¡Ah!” se  introducía en el conducto de un modo muy despacio, como si quisiera echar un último vistazo a la persona que le había pronunciado antes de ocultarse.&lt;br /&gt;-¡Bueno! –exclamó entonces el hombre –así te estarás calladita y no le contarás a nadie cosas que a nadie le interesan.&lt;br /&gt;Isabela se quedó paralizada. Trató de pronunciar una palabra, una sola sílaba, ¡pero ya no podía! ¡Se había quedado absolutamente muda! Ni una vocal, ni ningún ruido, por mucho que se esforzase podía salir de su garganta. Realmente el ladrón le había robado su voz y ahora ésta se encontraba en el recipiente que llevaba a su espalda. Asustada de verdad, Isabela se llevaba las manos a la garganta: ¿y ahora qué iba a hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115678226962483080?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115678226962483080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115678226962483080&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115678226962483080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115678226962483080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xxvii.html' title='El ladrido desaparecido (XXVII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115660596090976876</id><published>2006-08-26T17:24:00.000+02:00</published><updated>2006-08-26T17:30:22.490+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXVI)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-¡Tenemos que hacer algo! –exclamó Isabela, aunque tratando de no levantar mucho la voz –Ese hombre ha robado el ladrido a Pluto y ahora se dedica a robar los sonidos a todas las cosas y las personas con las que se encuentra.&lt;br /&gt;-Zí –contestó Gabriel –y no creo que ze pueda razonar con él y que deje de realizar zu actividad delictiva. Habría que ir a la comizaría de Villaldea y explicarlez lo que eztá pazando.&lt;br /&gt;-Sí, -asintió Isabela –el problema es que no sé si iban a hacer mucho caso de una niña pequeña, sola con un perro...&lt;br /&gt;-No te preocupez, Izabela, yo iré contigo; deja que hable con loz polizíaz y lez contaré todo lo que hemoz vizto.&lt;br /&gt;-¡Gracias, Gabriel! ¿Has oído, Pluto? –la niña se agachó para hablarle a su mascota –Vamos a ir a la policía y todo se va a solucio...&lt;br /&gt;-¡¿Quién decís que va a ir a dónde?! –interrumpió alguien de repente.&lt;br /&gt;Isabela se giró y vio con gran sorpresa quién había hablado: ¡era el hombre extraño, portando aún en su mano el tubo aspirador! El radar no giraba y les apuntaba con su luz roja directamente hacia ellos. ¡Les había descubierto, y justo cuando estaban tramando de denunciarle ante la policía! Isabela se quedó sin habla, sin poder reaccionar. Menos mal que se lanzó Gabriel a increparle al hombre:&lt;br /&gt;-¡Ya eztá bien de robar zonidoz! Tienez que devolver todoz loz zonidoz que haz robado a loz objetoz o perzonaz a loz que pertenecen.&lt;br /&gt;-¡Ja! –se rió altivo el hombre -¿Para qué? Están mejor así. Para lo único que les servía era para molestar, para no dejar dormir a la gente. Ya hay bastantes ruidos en la ciudad, no le vendrá mal un poco de silencio.&lt;br /&gt;-Pero ze pueden tomar medidaz para reducir loz ruidoz, no eztá bien dejarle a perzonaz y cozaz zin zu propio zonido.&lt;br /&gt;-Sí, -afirmó entonces Isabela –has dejado a Pluto sin su ladrido y ahora no puede ladrar.&lt;br /&gt;El hombre se fijó entonces detenidamente en el perro, hasta que pareció reconocerlo:&lt;br /&gt;-Me acuerdo de ti, pequeño. Tengo el oído muy fino y pude oírte desde mi casa cómo correteabas por la plaza ladrando de un lado a otro sin control y sin ningún dueño que te vigilase. Tengo la puerta de casa reforzada para evitar la entrada de tantos sonidos molestos que circulan por ahí, pero tan altos eran tus ladridos que incluso desde casa podía escucharte. Y, por supuesto, no tuve más opción que salir y librar al pueblo de tanto ladrido fastidioso. Y luego deshacerme de esos estúpidos carteles que empezaste a colgar por todas partes, niñita.&lt;br /&gt;-¡El ladrido de Pluto no es fastidioso! –exclamó Isabela, molesta, mientras por dentro pensaba “claro, así que era él quién había despegado los anuncios que colgué”.&lt;br /&gt;-Sí que lo es, y el de tantas cosas que se pueden oír por ahí. En realidad la ciudad debería de estarme agradecida por la labor de limpieza que realizo. Como el sonido de esa gotera que he hecho desaparecer antes con su incordio de “ploc, ploc, ploc” que se mete en los oídos y no te deja en paz. Lo que me pregunto ahora es cómo habéis conseguido encontrarme.&lt;br /&gt;-Alfonso –contestó la niña –nos dijo que habías comprado un tarro de cristal receptor de sonidos enorme. Y a él fuimos de parte del señor Constancio. Alfonso nos dijo que te molestaba el ruido de las cigüeñas de la iglesia.&lt;br /&gt;-Sí, muy listos, muy listos. Y aún me siguen molestando esas dichosas cigüeñas. Porque este aparato succionador de sonidos que he inventado no alcanza hasta el tejado, sino ya las habría hecho callar hacía mucho tiempo. Claro, cuando tuve que comprar el tarro receptor de sonidos... no pensé que eso me delataría –dijo el hombre, pensativo.&lt;br /&gt;-Puez ya bazta de zuccionar zonidoz –interrumpió entonces Gabriel –tiene que devolver todo lo que ha robado o zi no, hablaremoz con la policía.&lt;br /&gt;-¿Hablar con la policía? ¡Ja!, me río yo de eso.&lt;br /&gt;-Zí, y lo vamoz a hacer ahora mizmo. Ven, Izabela, noz marchamoz.&lt;br /&gt;-No creo que vayáis muy lejos –dijo el hombre, con una maliciosa sonrisa en los labios –porque ahora mismo estoy apretando el gatillo de mi succionador de sonidos. –y el hombre alzó el aparato en dirección a Gabriel.&lt;br /&gt;-¡No! –gritó éste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115660596090976876?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115660596090976876/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115660596090976876&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115660596090976876'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115660596090976876'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xxvi.html' title='El ladrido desaparecido (XXVI)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115643552954786240</id><published>2006-08-24T18:03:00.000+02:00</published><updated>2006-08-24T18:05:29.566+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXV)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Isabela lo tuvo claro entonces: el hombre extraño era un ladrón de sonidos que con ese aparato que llevaba se dedicaba a robar el sonido y la voz de cosas, animales y personas. Con seguridad fue él quien le robó el ladrido a Pluto, en algún momento que éste paseaba solo por la calle, sin darse cuenta en absoluto de lo que había pasado.&lt;br /&gt;-Ése es el hombre, –exclamó la niña –el que ha robado el ladrido de Pluto, está claro que ha sido él&lt;br /&gt;-¡Sssshhhh! –cortó Gabriel –Cuidado, que te puede oír.&lt;br /&gt;La voz tenía razón, justo en ese momento, el hombre se incorporó y volvió la mirada hacia la esquina en la que se encontraban los tres amigos. Isabela se echó hacia atrás inmediatamente para ocultarse, con evidente cara de susto y se quedó así un rato, esperando, sin mover un solo músculo.&lt;br /&gt;-Ezpera –dijo entonces Gabriel, en voz muy bajita, al oído de Isabela –voy a mirar zi viene hacia aquí, que a mi no puede verme.&lt;br /&gt;La niña asintió. Al de poco, volvió a sentir a Gabriel que le decía:&lt;br /&gt;-No noz ha oído, ze marcha en dirección contraria. ¡Vamoz a zeguirle!&lt;br /&gt;-Sí, vale –contestó la pequeña, aunque un poco dubitativa –Ven, Pluto –el perro también tenía bastante de susto, contagiado por la reacción de su dueña.&lt;br /&gt;El grupo de los tres amigos entró en el callejón. El hombre había desaparecido.&lt;br /&gt;-El ladrón de zonidoz ha torcido a la derecha –dijo Gabriel -¡Vamoz corriendo! Tenemoz que alcanzarle y que noz devuelva el ladrido de Pluto.&lt;br /&gt;Isabela asintió, sin pararse a pensar en si era peligroso lo que estaban haciendo, animado por el ímpetu de Gabriel. Así los tres se echaron a correr a lo largo del callejón, la niña, el perro y la voz hasta acercarse a la primera esquina a la derecha. Durante la carrera, pasaron al lado de la gotera; Isabela pudo advertir cómo, a pesar de que seguían cayendo gotas, éstas no hacían ruido alguno al tocar el suelo, atrapado el sonido por el hombre extraño.&lt;br /&gt;Cuando llegaron al cruce de la calle, los tres se apostaron contra la pared y Gabriel tomó la iniciativa:&lt;br /&gt;-Ezpera aquí, Izabela. Voy a mirar zi el hombre anda cerca.&lt;br /&gt;La niña asintió con la cabeza y aguardó. Pluto también se colocó a su lado, a la espera de ver lo que hacía su dueña. Gabriel se adelantó y observó. Al de poco le dijo a Isabela, en susurros:&lt;br /&gt;-Eztá ahí, plantado en mitad de la calle, eztá  muy quieto. Parece que zu radar ha detectado algo, porque no ze mueve y la luz roja parpadea muy rápidamente. Puede tratarze del zilbido que ze oye que viene por la calle que cruza con ézta. Ezpera, el hombre ze ezconde en un portal. No quiere que le vean. Aún azí, veo que azoma zu tubo azpirador.&lt;br /&gt;Isabela, impaciente, asomó la cabeza hasta poder mirar:&lt;br /&gt;-Quiero verlo yo también –dijo en voz baja.&lt;br /&gt;Y así pudo ver lo que Gabriel le estaba explicando. Desde uno de los portales de esa calle, si uno se fijaba, podía ver el tubo del extraño con su radar por encima, que asomaba ligeramente, apuntando a la calle como si buscara algo. Lo que buscaba parecía que se iba acercando: Isabela también podía escuchar el silbido de un hombre que se aproximaba por la calle perpendicular a la que miraban. La niña podía imaginarse lo que iba a pasar: el extraño iba a robar el silbido de ese desconocido. Al de poco, una persona apareció, andando tranquilamente, despreocupado y aparentemente contento, ya que silbaba sonoramente y con entusiasmo una melodía que sólo él debía de conocer. Era un chico joven, así de unos veintitantos, delgado, con una amplia camisa y pantalones vaqueros, las manos metidas en los bolsillos.&lt;br /&gt;El tubo aspirador del hombre extraño apuntaba directamente a él, ahora incluso asomaba un poco más e Isabela podía ver la mano del extraño cómo pulsaba el gatillo. Lo hacía con fuerza; sin duda, el sonido que pretendía atrapar se encontraba bastante lejos en su radio de acción, con lo que el aparato tenía que realizar un esfuerzo extra. Isabela y Gabriel siguieron mirando, expectantes, unos largos segundos, a ver lo que sucedía, sin hacer nada hasta que entonces, de repente, ocurrió: el silbido se cortó de los labios del joven y casi, casi, pudieron ver cómo viajaba desde su boca hasta el aspirador del hombre extraño. El chico se detuvo, extrañado: ¿qué pasaba, por qué no podía seguir silbando? Juntaba los labios y no salía ningún silbido. Se llevó las manos a la boca y trató de silbar con dos dedos entre los labios, pero tampoco. Colocando los dientes de una manera, de otra, pero no había manera. Claro, no podía saber que un hombre le había robado su silbido, sin darse cuenta en absoluto. Finalmente, poco a poco, el joven empezó a andar de nuevo, mientras trataba de emitir algún sonido con los labios, la cara transformada por la preocupación y la extrañeza. Así se fue alejando lentamente y Gabriel e Isabela le perdieron de vista. Una vez dejaron de verle, ambos se volvieron a esconder tras la esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115643552954786240?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115643552954786240/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115643552954786240&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115643552954786240'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115643552954786240'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xxv.html' title='El ladrido desaparecido (XXV)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115627384037941316</id><published>2006-08-22T21:09:00.000+02:00</published><updated>2006-08-22T21:12:41.713+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXIV)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Y así, tras esta pequeña conversación se hizo de nuevo el silencio, Isabela mirando el suelo y las palomas que correteaban por la plaza; Pluto, tumbado en el suelo, con la cabeza apoyada sobre las patas delanteras, cabizbajo. Practicamente el único ruido que se podía escuchar en la plaza era una gotera a lo lejos, con las gotas de agua cayendo rítmicamente. Y el ánimo alicaído no era para menos: la búsqueda había tocado un punto muerto tal que era difícil saber por dónde podían continuar buscando. A Isabela no se le ocurría ninguna idea y, mientras, Gabriel parecía seguir pensando en alguna solución. De este modo, en silencio, fue pasando el tiempo, sin que nadie dijera nada. Parecía que la única salida que les quedaba era volverse a casa y dejarlo por imposible...&lt;br /&gt;Sin embargo, entonces, pasó algo que les hizo reactivar su afán investigador. Fue Isabela la que se dio cuenta. Continuaban los tres sentados en el banco pensando abatidos, cuando, de repente, la pequeña, de reojo, pudo ver que del portal en el que habían estado salía una persona. Parecía de unos 50 años, con el pelo negro, peinado en cortinilla, bigote y perilla y algo entrado en carnes. Tenía una mirada de desconfianza y vigilaba a ambos lados al andar como si tuviera miedo de que alguien le pudiera estar mirando. ¡Tenía todo el aspecto de ser el hombre extraño que les había descrito Alfonso! Sin embargo, aún había algo más insólito en el personaje: en la cabeza llevaba unos gruesos auriculares, a la espalda colgaba una especie de mochila de aspecto cilíndrico y, sosteniendo con la mano derecha, un tubo parecido al de un aspirador que acababa en una boca con un pequeño radar por encima, que giraba de un lado para otro.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1269/3202/1600/ladron_sonidos.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1269/3202/320/ladron_sonidos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El hombre, después de mirar a un lado y al otro y, aparentemente, comprobar que no le vigilaba nadie, torció a su derecha, adentrándose en el callejón, sin soltar el extraño aparato que estaba cargando. Isabela se volvió rápidamente y, en un tono de voz muy, muy bajito le dijo a Gabriel:&lt;br /&gt;-Gabriel, mira hacía ahí. Creo que es el hombre del que nos habían hablado Alfonso y el señor Constancio.&lt;br /&gt;-Zí –dijo su amigo –tiene que zer él, la dezcripción concuerda a la perfección.&lt;br /&gt;-¿A dónde irá con todo eso tan raro que lleva encima? –se preguntó Isabela.&lt;br /&gt;-No lo zé, pero vamoz a hacer una coza: vamoz a zeguirle y enterarnoz de a dónde ze dirige y qué ez lo que trama. Zeguro que ez él el que tiene el ladrido de Pluto ezcondido y por ezo no quiere decirnoz nada.&lt;br /&gt;-¡Vale! –dijo Isabela, entusiasmada de nuevo, pero con la voz bajita por si acaso.&lt;br /&gt;La niña, Gabriel y Pluto se pusieron en marcha. Andando cuidadosamente para no hacer ruido se acercaron hasta la esquina del destartalado edificio en el que habían entrado antes. Apoyada contra la pared, Isabela asomó la cabeza, poco a poco, con precaución, lo suficiente hasta poder ver a lo lejos al hombre extraño. Éste seguía avanzando, despacio también, aunque ahora parecía más preocupado en mirar hacia el suelo, fijándose en todo lo que pudiera encontrarse pegado junto a la pared de la casa. Parecía estar buscando algo, ¿qué podría ser? Lo que sí se podía ver es que no dejaba de portar ese tubo extraño y el radar seguía girando de un lado a otro. Daba la sensación de que era este radar el que le daba las indicaciones al hombre de por dónde debía seguir examinando.&lt;br /&gt;Así estuvo andando la persona un largo momento bajo la atenta mirada de Isabela, cuando entonces el radar dejó de girar y una luz roja en el frente del objeto empezó a parpadear rápidamente. ¡Había encontrado algo! Algo aparentemente a un par de metros de distancia del hombre, según se podía percibir por la dirección a la que miraba éste. Ahí había unas plantas silvestres que habían florecido junto a la pared del desvencijado edificio. Sin duda, nadie se había preocupado por retirarlas o arreglar esa parte de la pared. El hombre se acercó hasta ellas y, con la mano que tenía libre, las apartó a un lado. Lo que se podía ver era el final de una tubería que ascendía por toda la pared del edificio. Y lo que parecía haber llamado la atención del radar eran las gotas que iban cayendo poco a poco del final de esta tubería. Isabela pudo comprobar entonces de dónde provenía el ruido de gotera que, de modo casi imperceptible, había sido lo único que había roto el silencio de la plaza durante el tiempo que habían estado sentados.&lt;br /&gt;El hombre extraño, la niña pudo verlo, puso una evidente cara de satisfacción: ¡por fin había encontrado lo que estaba buscando! ¿Y qué haría a continuación? Entonces acercó la boca del tubo al lugar donde estaba la gotera y apretó un gatillo que tenía el mango. Empezó, aparentemente, a aspirar, como si fuera una aspiradora de las de casa, la niña podía escuchar el sonido de succión. Y este sonido cogió progresivamente más fuerza y más intensidad y aspiró. Pero no se llevó el polvo del suelo, ni restos de suciedad, ¡sino el “clop, clop” de las gotas al caer al suelo! Isabela, casi, casi hasta pudo sentir cómo el “clop” de la gota de agua al caer era transportado desde el suelo hasta el tubo aspirador a través de la escasa distancia que había entre ambos. Y pudo ver, a continuación, cómo las gotas seguían cayendo, ¡sin que se oyese ningún ruido al tocar el suelo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115627384037941316?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115627384037941316/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115627384037941316&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115627384037941316'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115627384037941316'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xxiv.html' title='El ladrido desaparecido (XXIV)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115608916849754504</id><published>2006-08-20T17:51:00.000+02:00</published><updated>2006-08-20T17:53:47.753+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXIII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Isabela no se lo pensó más y golpeó a la puerta con todas sus fuerzas tratando de hacerse oír. Y golpeó durante largo tiempo, por si acaso no bastaba con unos pocos golpecitos. La verdad es que toda aquella situación, con el edificio antiguo, la anciana arisca y el hombre misterioso, tenía un punto de inquietante y la niña empezaba a preguntarse si no sería peligroso todo aquello.&lt;br /&gt;No obstante era ya tarde para echarse atrás. Además, esta vez la respuesta fue rápida, ni sonido de pisadas arrastrándose detrás de la puerta, ni cerrojos, ni cadenas... De repente, desde justo detrás de la puerta, se escuchó un grito que decía:&lt;br /&gt;-¿Quién llama?&lt;br /&gt;Isabela se dispuso a contestar, pero entonces Gabriel le detuvo:&lt;br /&gt;-Déjame a mi –le dijo en voz baja.&lt;br /&gt;-¡Hola! Queríamoz hacerle una pregunta –gritó a continuación –Eztamoz buzcando algo y creemoz que uzted noz podría ayudar.&lt;br /&gt;-¿Buscando? Yo no he encontrado nada. –se oyó desde detrás de la puerta.&lt;br /&gt;-Zí, ze tratra del ladrido de un perro pequeño. Lo ha perdido y nozotroz penzábamoz que uzted podía zaber dónde encontrarlo.&lt;br /&gt;-¿El ladrido de un perro? ¿Por qué no buscan en la perrera? Tal vez ahí lo tengan y no yo.&lt;br /&gt;-Veníamoz de parte del inventor de zonidoz, Alfonzo. Él noz dijo que había hablado con uzted de...&lt;br /&gt;-¡No conozco a ningún Alfonso ni a ningún inventor de sonidos! –cortó súbitamente la voz.&lt;br /&gt;-Pero hemoz hablado con él y...&lt;br /&gt;-¡Largo! ¡No sé nada de lo que me están hablando!&lt;br /&gt;-Nos tiene que ayudar –dijo entonces Isabela –es por mi perro Pluto, que no puede quedarse sin ladrar.&lt;br /&gt;-¡Me importa un comino Pluto y si puede ladrar o no! No es asunto mío. Y déjenme en paz de una vez.&lt;br /&gt;-Tiene que saber algo... –insistió Isabela ya casi sin convicción.&lt;br /&gt;-Olvídalo –dijo Gabriel –me parece que por aquí no vamoz a conzeguir nada.&lt;br /&gt;-Pero, ¿y Pluto?&lt;br /&gt;-Vámonoz fuera y ya penzamoz mejor que ez lo que podemoz hacer a continuación.&lt;br /&gt;-Bueno –asintió Isabela, débilmente. Y dirigiéndose a Pluto, entristecida, le dijo: -Lo siento mucho, Pluto, pero me parece que por aquí tampoco vamos a encontrar tu ladrido.&lt;br /&gt;Y el perro agachó la cabeza, abatido. Los tres decidieron marcharse del edificio sin más espera. Ahí ya no les retenía nada. Bajaron por las destartaladas escaleras y salieron de la casa, camino de la plaza. En ésta había un banco libre y decidieron sentarse en él, en silencio. Así se quedaron un momento, los tres cariacontecidos (bueno, a Gabriel no se le podía ver la cara, claro, pero tenía todo el aspecto de estar tan abatido como Isabela y Pluto). Al cabo de un tiempo, la niña preguntó:&lt;br /&gt;-¿Y ahora qué vamos a hacer?&lt;br /&gt;-No lo zé, Izabela, eztoy penzando qué alternativa noz queda ahora –contestó Gabriel.&lt;br /&gt;-¿Crees que el hombre huraño sabía algo del ladrido de Pluto? –preguntó Isabela.&lt;br /&gt;-Zeguramente zí, pero eztá claro que llamando a la puerta no noz va a contar nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115608916849754504?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115608916849754504/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115608916849754504&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115608916849754504'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115608916849754504'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xxiii.html' title='El ladrido desaparecido (XXIII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115590383540628745</id><published>2006-08-18T14:22:00.000+02:00</published><updated>2006-08-18T14:23:55.420+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-¿Ah, sí? ¿Y quién puede vivir aquí para que una niña quiera buscarle? –la mujer parecía desconfiada y bastante cortante.&lt;br /&gt;-Es que a mi perro se le ha perdido su ladrido y creemos que él puede saber dónde encontrarlo.&lt;br /&gt;-¿El ladrido de tu perro, eh? –y lanzó una mirada de suspicacia, entrecerrando los ojos, hacia el pobre Pluto, como si sospechase también del animal por algo.&lt;br /&gt;-Sí. ¿Nos puede ayudar? La persona que buscamos tiene unos 50 años... –y la niña le dio la descripción que Alfonso les había facilitado hacía un momento. Cuando terminó, Isabela preguntó, con cara suplicante: - ¿Vive en este portal alguien que sea parecido a la persona que le he descrito?&lt;br /&gt;La anciana se le quedó mirando, pensativa. Mientras, movía la mandíbula de un lado a otro, como si masticase algo, aunque más bien parecía que estuviese rumiando alguna idea en el interior de su cerebro. Al mismo tiempo parecía farfullar algo así como: “mmm, mmm”. Isabela empezaba a dudar de si finalmente iba a conseguir una respuesta, cuando por fin, la señora contestó:&lt;br /&gt;-Creo que la persona que dices vive en el tercero derecha.&lt;br /&gt;-¿¿Sí?? –exclamó Isabela, ilusionada.&lt;br /&gt;-Sí, -respondió la anciana, aunque sin pizca de emoción en la voz. –Pero yo no me alegro en nada de tenerle de vecino. Es un hombre grosero y huraño. No conozco su nombre ni me interesa. Por suerte, apenas sale de casa y se pasa la mayor parte del tiempo ocupado en sus historias, que sólo a él le importan. Tendrás suerte, pequeña, si consigues que te conteste.&lt;br /&gt;Vaya, esto era un jarro de agua fría para todas las ilusiones que se había hecho Isabela. Pero pese a todo, tenía que seguir intentándolo. Con bastante menos entusiasmo, le preguntó a la anciana:&lt;br /&gt;-¿Y piensa usted que podré encontrarle a este señor en su casa ahora?&lt;br /&gt;La mujer lanzó un resoplido:&lt;br /&gt;-Lo que me preocupa no es si estará en casa, sino si conseguirás que te conteste. Se pasa el día encerrado con la puerta y las ventanas cerradas a cal y canto, como si tuviese miedo de que entrase algo a su casa, la luz del sol o quién sabe qué. Inténtalo, pequeña, pero que conste que yo ya te he advertido.&lt;br /&gt;Y la anciana procedió a cerrar la puerta, o al menos la escasa rendija que tenía abierta.&lt;br /&gt;-Gracias –dijo Isabela, débilmente.&lt;br /&gt;-No te preocupez –dijo entonces Gabriel, consolador –vamoz a vizitar a eze hombre, que zeguro que entre loz doz conzeguimoz que noz haga cazo.&lt;br /&gt;-Vale –asintió Isabela -¡Corre, ven, Pluto! Que vamos a subir las escaleras.&lt;br /&gt;Y así lo hicieron. Aunque no eran unas escaleras cómodas para subir: desvencijadas, de madera antigua, con desniveles, roturas... Había que mantener el equilibrio cuidadosamente y agarrarse al pasamanos para evitar caerse. Además, la luz en el interior no era mucha, con lo que había que prestar mucha atención a dónde se pisaba. Pese a todo, subiendo despacio y con cuidado, consiguieron llegar a la planta tercera, donde se encontraba la casa del hombre que andaban buscando. En concreto a su mano derecha. Los tres se acercaron hasta la puerta.&lt;br /&gt;-Llama tú a la puerta, que yo me encargaré de hablar –dijo Gabriel.&lt;br /&gt;-¡Vale! –respondió la niña.&lt;br /&gt;Isabela se disponía a pulsar el timbre, cuando vio que no lo había. De hecho, se fijó entonces, ni siquiera colgaba un llamador de la puerta. Habría que llamar golpeando con los nudillos, no quedaba otra manera. Y eso a pesar de que la puerta parecía bastante gruesa y bastante nueva en comparación con lo que podía verse en aquel portal. Tenía razón la anciana de abajo, parecía como si el dueño de la casa quisiera protegerse de algo del exterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115590383540628745?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115590383540628745/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115590383540628745&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115590383540628745'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115590383540628745'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xxii.html' title='El ladrido desaparecido (XXII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115568917416678785</id><published>2006-08-16T02:39:00.000+02:00</published><updated>2006-08-16T02:46:14.206+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XXI)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Este descuido se extiende también a la iglesia. Ésta se encuentra bastante vieja y realmente no dudo de que es bastante antigua, pero esa dejadez de la que os hablo ha hecho que parezca aún más antigua: con su fachada de color gris y con ese campanario recorrido en sus esquinas de feas grietas. Parece que ha sido este descuido el que ha hecho que numerosas cigüeñas escogieran el tejado del campanario como lugar en el que asentar su nido. Si miras desde el centro de la plaza podrás ver un par de nidos y si te encaminas por el callejón que se encuentra a la derecha podrás ver otro nido más. En este callejón era donde se encontraba el edificio en el que Isabela y Gabriel sospechaban que podía vivir el extraño hombre. De hecho, la entrada al portal daba justo enfrente al lateral de la iglesia, de modo que no podía haber lugar a equivocación. El edificio sufría también del mismo problema que la iglesia: antigüedad y descuido, con lo que era fácil distinguir a lo largo de su fachada, de tan sólo cuatro plantas, abundantes grietas y desconchados.&lt;br /&gt;Isabela, Gabriel y Pluto se dirigieron a la puerta de la casa sin pensárselo dos veces. Era de madera, de un tono claro, tenía un llamador de hierro en lo alto, pero no hacía mucha falta porque se podía ver incluso a distancia que la puerta estaba entreabierta y que no hacía falta llamar para poder entrar. Isabela empujó la puerta con decisión. El ambiente era bastante desagradable pero saber que estaba acompañada de Gabriel y Pluto le daba una mayor seguridad.&lt;br /&gt;El interior era oscuro. A la derecha, en la pared había unos buzones metálicos olvidados y, un poco más adelante, un par de puertas, una a cada lado, que precedían unas desvencijadas escaleras de madera.&lt;br /&gt;-¿A cuál llamamos? –preguntó Isabela.&lt;br /&gt;-Prueba con la de la derecha, por ejemplo –contestó Gabriel –a ver zi tenemoz zuerte; y zi no, llamamoz a la otra.&lt;br /&gt;-¡Vale! –y la niña, seguida por Gabriel y Pluto se dirigió a la puerta de la derecha.&lt;br /&gt;A tono con el portal donde se encontraba, la puerta daba bastante pena. Se notaba que era antigua y descuidada. En ésta no había ningún llamador, sino que a un lado, en el marco, se podía ver un timbre, pequeño, negro y redondo, con un botón justo en el centro. Isabela se puso de puntillas y lo pulsó. Un sonido, grave y prolongado, brotó mientras mantuvo el dedo apretado. La pequeña dejó el timbre y esperó, con incertidumbre. A su lado, Pluto miraba a su dueña, de modo interrogativo, como diciendo: “¿y qué va a pasar ahora?” Gabriel, por su parte, se mantuvo en silencio, también a la espera.&lt;br /&gt;Viendo el estado de la puerta, a Isabela no le hubiera extrañado que no viviese absolutamente nadie en esa casa; pero sí, al de un rato, se pudo escuchar el sonido de pisadas arrastrándose por el suelo. Iban despacio, poco a poco, y una detrás de la otra y lentamente fueron oyendo cómo se acercaban a la puerta. Finalmente, escucharon cómo se descorrían cerrojos, primero uno arriba, luego otro más abajo, después una cerradura... hasta que al final vieron abrirse la puerta. Tampoco se abrió mucho, la verdad, porque una cadena en lo alto tan sólo permitía que se abriera una ranura bastante estrecha. Y de esa ranura surgió una voz:&lt;br /&gt;-¿Qué quieres, pequeña, tú por aquí?&lt;br /&gt;La voz, por lo que Isabela pudo ver, pertenecía a una anciana bastante mayor. Tenía la cara cubierta de arrugas y el pelo gris, lacio y desaliñado. Vestía una bata cerrada desde arriba hasta las zapatillas; y prácticamente era eso todo lo que la niña podía vislumbrar por la abertura de la puerta.&lt;br /&gt;-Hola, señora. –contestó- Estamos buscando a una persona que pensamos que vive en este portal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115568917416678785?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115568917416678785/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115568917416678785&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115568917416678785'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115568917416678785'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xxi.html' title='El ladrido desaparecido (XXI)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115551468665396980</id><published>2006-08-14T02:16:00.000+02:00</published><updated>2006-08-14T02:18:06.676+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XX)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Y así decía el inventor de sonidos cuando estaban llegando junto a él:&lt;br /&gt;-¿Ves esto de aquí? –Isabela asintió con la cabeza –es un gong. Un gong es un instrumento musical que normalmente permanece colgado de un soporte como el que ves. Cuando lo golpeas con un mazo, hace un sonido muy fuerte, de tono grave, producido por la vibración del golpe. Sin embargo, lo que seguramente no sabías es que si coges un chupa-chups y lo pasas lentamente por la superficie del gong se crea un sonido de lo más peculiar. Déjame que te enseñe.&lt;br /&gt;Isabela asintió de nuevo con la cabeza sin decir nada y vio cómo Alfonso tomaba el chupa-chups y empezó a pasarlo por la superficie del instrumento, de modo muy despacio, lentamente. ¡Y entonces se produjo el sonido! Era el ruido extraño que habían estado escuchando cuando se acercaban a la casa: aquel sonido que era como un chirrido de tono grave, sostenido, que retumbaba y se repetía pero que parecía constantemente diferente; que se estiraba hacia arriba pero que luego parecía que se estiraba hacia abajo; metálico, pero sin saber qué tipo de metal lo producía; suave, pero que daba la impresión de que taponaba tus oídos y no te dejaba escuchar otra cosa. ¡Ahí estaba el origen del ruido! Una solución tan sencilla a un misterio aparentemente tan inexplicable. Ojalá encontrar el ladrido de Pluto fuera más sencillo.&lt;br /&gt;-¡Qué sonido más curioso! ¡Y tan solo con pasar un chupa-chups por encima de un gong! –exclamó Isabela.&lt;br /&gt;-¡Jajajaja! –se rió Alfonso –Claro, en eso consiste mi trabajo, en descubrir los ruidos más insólitos y a menudo los ruidos más insólitos se encuentran utilizando objetos de lo más cotidianos como, por ejemplo, este chupa-chups.&lt;br /&gt;Isabela seguía mirando asombrada el chupa-chups. A ella nunca se le hubiera ocurrido que con un chupa-chups se pudieran crear sonidos, ni que sirviera para algo más que simplemente comérselo. La cantidad de cosas nuevas que estaba aprendiendo en un solo día.&lt;br /&gt;-Bueno, pequeña, voy a tener que dejarte, te enseñaría muchas cosas de mi jardín pero estoy muy ocupado –dijo Alfonso, poniendo fin a la cara de asombro de la niña –además, tienes ahí en la entrada a tu perro Pluto y a Gabriel, que están esperándote.&lt;br /&gt;-¡Sí, es verdad! Y tenemos que marcharnos rápido, que debemos encontrar aún el ladrido de Pluto.-la niña se echó a correr entonces hacia la puerta y mientras corría gritó: -¡Muchas gracias por la ayuda!&lt;br /&gt;-De nada, Isabela –dijo Alfonso, sonriendo ante el ímpetu de la niña.&lt;br /&gt;-¡Graciaz, Alfonzo! –dijo Gabriel, desde la puerta –Ezpero que volvamoz a vernoz pronto.&lt;br /&gt;-Lo mismo te digo, Gabriel, vuelve cuando quieras. Y, por cierto, no olvidéis tener cuidado. Era bastante extraño ese hombre.&lt;br /&gt;-Tranquilo, Alfonzo, lo tendremoz.&lt;br /&gt;Y así, con las despedidas hechas, los tres amigos, Isabela, Gabriel y Pluto salieron en dirección a la plaza de San Mateo.&lt;br /&gt;La niña sentía como si la solución al misterio del ladrido de Pluto estuviera muy cerca y andaba deprisa, como impaciente por llegar ya al lugar al que se dirigían. Mientras caminaban, fueron planificando cuál iba a ser su plan de actuación. Preguntarían en el portal contiguo a la iglesia si conocían a alguien cuya descripción coincidiera con la que Alfonso les había dado y, si era así, que les dijeran en qué piso vivía. A continuación, ya sólo quedaba preguntarle al hombre si sabía algo del ladrido de Pluto y esperar que con suerte la respuesta fuera que sí.&lt;br /&gt;Mientras hablaban, llegaron a la plaza de San Mateo. Probablemente, no sea éste uno de los lugares más conocidos de Villaldea. Se trata en realidad de una plaza bastante pequeña, hay una fuente en el centro que expulsa agua hacia lo alto constantemente, unos bancos dispuestos en círculo, para que las personas mayores se puedan sentar y algunos árboles entremedias. El problema de la plaza es que está algo descuidada y parece como si el ayuntamiento de Villaldea y las personas encargadas se hubieran olvidado de que existe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115551468665396980?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115551468665396980/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115551468665396980&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115551468665396980'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115551468665396980'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xx.html' title='El ladrido desaparecido (XX)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115529652210456328</id><published>2006-08-11T13:40:00.000+02:00</published><updated>2006-08-11T13:42:02.106+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XIX)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-Sí, -contó Alfonso cuando Gabriel acabó de explicar la historia –recuerdo a ese hombre. Efectivamente, pasó por aquí hace unas dos semanas. Y sí que resultaba un hombre extraño porque si alguien quiere un tarro de cristal de esas dimensiones es porque quiere guardar muchos sonidos juntos, no se puede usar para otra cosa. Casualmente, resultó que sí tenía un tarro de ese tamaño en mi taller y se lo pude vender. También me compró un par de estos auriculares que sirven para protegerse de sonidos muy fuertes. Yo los utilizo por precaución, para cuando trabajo, por si acaso accidentalmente realizo algún ruido demasiado fuerte o demasiado desagradable.&lt;br /&gt;-¿Y el hombre no te contó para que quería esas cosas? –le preguntó Isabela.&lt;br /&gt;-Sí, creo recordar que me dijo que tenía el oído muy fino y que le molestaba el sonido de las cigüeñas que anidaban en la torre de la iglesia de San Mateo. Para eso quería los auriculares. Pero no quiso decirme nada acerca del recipiente de cristal.&lt;br /&gt;-Puez la iglezia de Zan Mateo eztá cerca de aquí, en la plaza que recibe el mizmo nombre. –dijo Gabriel -Zin duda, ezte hombre debe de vivir juzto al lado, zi ez que puede oír incluzo el nido.&lt;br /&gt;-¿Nos puedes decir cómo era esa persona? –preguntó Isabela.&lt;br /&gt;-Sí, déjame pensar –contestó Alfonso –creo recordar que era un hombre de en torno a los 50 años. Tenía algo de sobrepeso... Era calvo, sólo que se cubría la calvicie con el pelo a modo de cortinilla... Y tenía bigote y perilla, de un color muy negro, nada canosa a pesar de la edad... Los ojos también eran negros, creo recordar...&lt;br /&gt;-Al lado de la iglezia hay un pequeño portal –señaló Gabriel –tal vez con ezta dezcripción podamoz preguntar a loz vecinoz zi le conocen y zaber dónde vive. Azí podremoz preguntarle acerca del ladrido de Pluto.&lt;br /&gt;-¡Vale! –exclamó Isabela –me parece buena idea.&lt;br /&gt;-Sí, pero si os encontráis con ese hombre, tened cuidado, no me fío nada de él –dijo Alfonso.&lt;br /&gt;-De acuerdo, azí lo haremoz –dijo Gabriel, y añadió: -¡Vamoz! Que creo que eztamoz muy cerca de rezolver ezte mizterio.&lt;br /&gt;-Esto, Gabriel... Antes quería hacerle a Alfonso una pregunta, si no le importa.&lt;br /&gt;-No, no me importa, Isabela, cuéntame –dijo el inventor de sonidos, agachándose junto a la niña.&lt;br /&gt;-Era una curiosidad muy grande y tenía que preguntarte –contestó Isabela tímidamente -¿por qué llevas ese chupa-chups que parece que no te lo vas a comer?&lt;br /&gt;-¡Ah, esto! –se levantó señalando el chupa-chups -¡Jajajajaja! Ven, que te explico.&lt;br /&gt;Alfonso tomó a la pequeña por el hombro y la invitó a entrar por la puerta. Ahora pudo ver por fin lo que el inventor ocultaba tras la verja. Frente a sí pudo ver, claro, la casa de Alfonso, que era de color crema y con un pequeño porche en la entrada; y, lo que era mejor, todo el jardín que había entremedias. No es que fuese muy extenso, abarcaba unos metros frente a ellos y al lado izquierdo de la casa, ni tampoco era excesivamente cuidado, más bien todo lo contrario. Lo que lo hacía especialmente llamativo era la cantidad de objetos, cacharros y cachivaches que había diseminados por todo el jardín y de todos los tipos imaginables: martillos, tenedores, cafeteras, palos, platillos, bastones, cajas, electrodomésticos prácticamente inutilizables, maderas, hierros y plásticos; telas, piedras, muñecos y juguetes, libros y... bueno, podría seguir hasta eternizarme de tantas que eran las cosas. El objeto que sí merece la pena señalar era un gong plantado en medio de todo el desorden, al que parecía que Alfonso estaba llevando a Isabela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115529652210456328?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115529652210456328/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115529652210456328&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115529652210456328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115529652210456328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xix.html' title='El ladrido desaparecido (XIX)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115512393017367654</id><published>2006-08-09T13:44:00.000+02:00</published><updated>2006-08-09T14:20:39.690+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XVIII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Estaban casi llegando a ella, siguiendo por esa calle, dos casas más a la izquierda. A simple vista, no se diferenciaba demasiado del resto de viviendas de su alrededor: ésta en concreto era de color crema y la verja que la rodeaba estaba algo descuidada, medía unos dos metros de alto y estaba cubierta por unos arbustos que no dejaban ver bien lo que había en el interior. Parecía que a Alfonso no le gustaban los cotillas que fisgasen lo que tenía dentro.&lt;br /&gt;En mitad de la verja había una puerta metálica, negra, rodeada por un marco bastante simple de ladrillos. En él se podía distinguir que había un portero automático. A medida que se acercaban a esta puerta, Isabela podía escuchar desde detrás de la verja un sonido de lo más extraño, como un chirrido de tono grave, sostenido, que retumbaba y se repetía pero que parecía constantemente diferente; que se estiraba hacia arriba pero que luego parecía que se estiraba hacia abajo; metálico, pero sin saber qué tipo de metal lo producía; suave, pero que daba la impresión de que taponaba tus oídos y no te dejaba escuchar otra cosa. Isabela le dijo a Gabriel:&lt;br /&gt;-¡Qué ruido más extraño! ¿De qué podrá ser?&lt;br /&gt;-Zin duda zerá algún zonido nuevo en el que eztá experimentando ahora Alfonzo –contestó Gabriel. Y a continuación dijo: -Aquí eztamoz, Izabela. ¿Puedez llamar al timbre, por favor, para que noz abra la puerta Alfonzo?&lt;br /&gt;-¡Sí! –contestó la niña y poniéndose de puntillas apretó el botón del portero.&lt;br /&gt;Por un segundo, Isabela pensó que el portero iba a tener un sonido casi igual de raro que el que se podía oír desde el interior, pero no, era un pitido de lo más convencional, como el que tendría cualquier timbre de una casa normal.&lt;br /&gt;Isabela y Gabriel esperaron un momento, pero parecía que no acudía nadie a abrir.&lt;br /&gt;-Voy a llamar otra vez –dijo la niña y pulsó de nuevo el timbre, esta vez un tiempo más largo, a ver si de este modo conseguían que Alfonso les oyera.&lt;br /&gt;Y sí, parece que esta vez les oyó porque el extraño sonido que venían escuchando desde hacía un rato, se paró y al poco vieron cómo la puerta se abría, hacia dentro. Y ahí conocieron a Alfonso.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1269/3202/1600/alfonso.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1269/3202/1600/alfonso.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1269/3202/320/alfonso.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Alfonso era un hombre, Isabela le calculó, que debía de tener pasados los 30 años. Tenía los ojos castaños, cara redondeada y algo de barba de no haberse afeitado de un día para otro. El pelo era castaño claro, peinado, algo desordenadamente, con raya a la derecha. Llevaba unos gruesos auriculares, más de esos para no oír mucho que para escuchar. Vestía con una camiseta blanca, bastante ajada, con manchas de pinturas y de otras cosas por todas partes. El pantalón era de esos de mono de trabajo, también blanco y con más manchas de pintura y de lo que fuera. Daba la impresión de que ésa era su ropa para trabajar. De todos modos, lo que más le llamó la atención a Isabela fue ver que en la mano derecha llevaba un chupa-chups y no parecía precisamente para comérselo porque estaba aún sin empezar del todo.&lt;br /&gt;-¡Hola, Alfonzo! –saludó Gabriel.&lt;br /&gt;-¡Ah! ¡Eres tú, Gabriel! Perdona que no te abriera antes pero es que estoy muy ocupado trabajando con un nuevo sonido y no os había oído. ¿Por cierto, quiénes son tus acompañantes?&lt;br /&gt;-¡Hola! Yo me llamo Isabela –contestó la niña –y este es mi perro Pluto.&lt;br /&gt;-Encantado de conoceros. ¿Y a qué se debe el placer de esta visita? Me gustaría invitaros a tomar algo dentro pero sucede que estoy realmente muy ocupado, de modo que me temo que tengo poco tiempo para atenderos.&lt;br /&gt;-Ze trata del perro de Izabela. Ha perdido zu ladrido y creemoz que tú noz puedez ayudar –y Gabriel le contó todo lo que había pasado desde que Isabela llegó al rincón de los ruidos perdidos, la visita a la tienda del señor Constancio y sus sospechas en el hombre que quería un recipiente de cristal de gran tamaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115512393017367654?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115512393017367654/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115512393017367654&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115512393017367654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115512393017367654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xviii.html' title='El ladrido desaparecido (XVIII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115498175667928869</id><published>2006-08-07T22:15:00.000+02:00</published><updated>2006-08-07T22:15:56.693+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XVII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-Mmm, no sé si esto puede tener algo que ver, pero por alguna razón me ha venido ahora a la cabeza. Hace unas dos semanas vino un hombre a la tienda. Era bastante extraño porque quería un recipiente de cristal, del mismo cristal especial con que se realizan las cajitas en que guardo los sonidos. Lo raro era que quería un recipiente enorme, como del tamaño de un bidón de agua. Yo en aquel momento no tenía ninguno de ese tamaño en la tienda que poder venderle, pero sí que le dije a quien podía acudir.&lt;br /&gt;El señor Constancio le habló ahora a Gabriel:&lt;br /&gt;-Tú, seguro que le conoces, Gabriel, le dije que acudiera a Alfonso, el técnico de sonido, que tiene todo tipo de utensilios, máquinas y aparatos relacionados con los ruidos y todos ellos de lo más peculiares. Si hay alguien en Villaldea que pueda tener una caja de cristal como la que buscaba este hombre, sólo puede ser él.&lt;br /&gt;-Muy bien, zeñor Conztancio, -dijo Gabriel -puez zi creez que eze hombre puede tener algo que ver con la dezaparición del ladrido de Pluto, iremoz a hablar con Alfonzo.&lt;br /&gt;-Sí, hacedlo, porque tengo la firme sospecha de que este hombre extraño tramaba algo, y algo nada bueno. Preguntad a Alfonso acerca de él.&lt;br /&gt;-¡Eso haremos! –exclamó Isabela, y dirigiéndose a Pluto le dijo –ya verás cómo al final resolvemos este misterio y terminamos encontrando dónde está tu ladrido.&lt;br /&gt;La niña acarició al perro y éste dio unos saltos de entusiasmo. Si hubiera podido ladrar, seguro que lo habría hecho muy alto, pero en aquel momento tenía que conformarse con abrir ampliamente la boca y lamer entusiastamente las manos de su dueña.&lt;br /&gt;-Muchaz graciaz, zeñor Conztancio –dijo Gabriel –iremoz a hablar con Alfonzo y averiguaremoz todo lo que zea pozible. Te prometo que cuando todo ezto haya acabado, volveremoz a la tienda para admirar todoz loz zonidoz de tu colección.&lt;br /&gt;-Me parece una excelente decisión, os aseguro que no os arrepentiréis –afirmó el anciano.&lt;br /&gt;-¡Vamoz, Izabela! Alfonzo vive en el centro del pueblo y tenemoz que andar un trecho. Graciaz de nuevo por todo, zeñor Conztancio.&lt;br /&gt;-De nada, chicos, espero veros pronto por aquí.&lt;br /&gt;-Adiós, señor Constancio –se despidió Isabela –¡y muchas gracias!&lt;br /&gt;Los tres, Isabela, Pluto y Gabriel salieron de la tienda y anduvieron a paso rápido por las calles de la zona antigua de Villaldea. Eran calles muy estrechas y era fácil perderse por ellas. Menos mal que iban acompañados de Gabriel que sabía indicarles en cada caso hacia donde torcer, si a la derecha, la izquierda o hacia delante. Esto le hizo a Isabela pensar: ¿andaría Gabriel o alguna de las voces de la radio por las calles del pueblo a menudo? ¿Y si alguna vez se había cruzado con alguna de ellas pero no se había dado cuenta porque no podía verlas sino tan solo oírlas? Mientras pensaba esto la niña, Gabriel empezó a hablar de Alfonso:&lt;br /&gt;-Alfonzo ez lo que podríamoz llamar un inventor de zonidoz. Inveztiga, prueba y crea ruidoz nuevoz que ze pueden utilizar para múltiplez cozaz y de lo maz diverzaz. Imagínate una película de miedo con un monztruo enorme. ¿Quién crea el rugido del monztruo? Puez Alfonzo. O loz pitidoz de tu reloj de pulzera. ¿A que parece un coza muy tonta? Puez loz creadorez del reloj contratan a Alfonzo para inventarze cómo zuenan ezoz pitidoz. En zu caza tiene un laboratorio enorme con todo tipo de aparatoz y cachivachez, incluzo ordenadorez con loz que enzaya, prueba y tantea y va creando ruidoz nuevoz. Algunoz le guztarán y loz guardará, otroz, loz que no le guzten, loz hará dezaparecer. Y Alfonzo ez muy bueno en zu trabajo y han llegado a contratarle dezde zitioz muy lejanoz.&lt;br /&gt;Mientras Gabriel hablaba, salieron de la parte más antigua de Villaldea y fueron adentrándose en una zona que le era más familiar a Isabela. Calles por las que había paseado con sus padres o por las que había ido con sus amigos. Entraron en una calle que era de viviendas unifamiliares, de uno o dos pisos, con un jardincito y con una verja alrededor. Alfonso debía de vivir en una de esas casas.&lt;br /&gt;-¡Mira! Ahí ez donde vive Alfonzo –señaló entonces Gabriel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115498175667928869?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115498175667928869/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115498175667928869&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115498175667928869'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115498175667928869'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xvii.html' title='El ladrido desaparecido (XVII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115479478279904188</id><published>2006-08-05T18:18:00.000+02:00</published><updated>2006-08-05T18:19:42.816+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XVI)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-¿Asombrada, verdad? –dijo el señor Constancio a continuación –pues ahora te voy a enseñar otra joyita más de mi colección. Se trata del sonido de una tecla de un piano de cola procedente de...&lt;br /&gt;Entonces, Gabriel, que llevaba callado todo ese rato, interrumpió al coleccionista de sonidos:&lt;br /&gt;-Perdona, zeñor Conztancio, tu colección de zonidoz ez realmente imprezionante, pero ahora no tenemoz tiempo de verla. Izabela y yo debíamoz hacerte una pregunta, a ver zi puedez ayudarnoz.&lt;br /&gt;¡Vaya! Por un momento Isabela había olvidado a qué habían venido a la tienda, atraída por la escucha de tanto sonido extraordinario. ¡El ladrido de Pluto! Eso era lo que importaba ahora. Ya habría tiempo más tarde para escuchar ruidos curiosos. Menos mal que Gabriel estaba pendiente y no había olvidado el motivo de la visita. El señor Constancio se disculpó:&lt;br /&gt;-¡Ay! Perdonad, chicos, a veces me entusiasmo tanto con mi colección de sonidos que me olvido de escuchar a los que vienen a visitarme. Dejadme que guarde esta cajita. –el anciano tomó la cajita con el sonido de la moneda antigua y la llevó a la vitrina a depositarla donde se encontraba antes –y ahora decidme en qué puedo ayudar a esta niña tan simpática y a este perro tan tímido.&lt;br /&gt;Isabela comenzó a hablar:&lt;br /&gt;-Se trata de eso, de mi perro Pluto. Si no dice nada es porque se le ha perdido su ladrido. Estábamos buscándolo y Gabriel pensaba que usted podría ayudarnos. Fui a la radio y allí me dijeron que podía estar en el rincón de los ruidos perdidos, pero resultó que ahí no estaba, por eso Gabriel creía que usted podía saber algo de dónde buscarlo.&lt;br /&gt;-Ah, ¿así que has hablado con Manuel y la gente de la emisora? –dijo el señor Constancio -¿Y dices que en el rincón no estaba? Mmm, qué extraño. Pequeño amiguito peludo, déjame que piense un momento. –dijo esto dirigiéndose a Pluto.&lt;br /&gt;El hombre adoptó una actitud pensativa, con el brazo izquierdo cruzado bajo el pecho y  el derecho, que se apoyaba sobre éste, mientras con la mano derecha se estiraba de la perilla, una y otra vez.&lt;br /&gt;-¿Zabez algo que noz pueda ayudar? –le preguntó Gabriel.&lt;br /&gt;-Mmmm, sí, es curioso. Porque hace un par de días uno de mis clientes de aquí de Villaldea me contaba que su hija últimamente estaba muy seria y había dejado de reír, que era como si le hubieran robado la risa. Yo le pregunté si podía hacer algo para ayudar, pero él dijo que no, que llevaría a su hija al médico. Mmm, no sé, por alguna razón me da, Isabela, que el caso de tu perro y el de esta niña están relacionados de algún modo.&lt;br /&gt;Isabela observaba al señor Constancio expectante. ¡Menuda cara de concentración tenía! Se estiraba y se estiraba tanto de la perilla que parecía que se la iba a arrancar de un momento a otro, mientras mantenía la mirada fija en un punto perdido de la tienda, en dirección a la entrada. Y pensaba tanto y de un modo tan intenso que cualquier pensaría que iba a echar humo de la cabeza en cualquier momento. Pero por fin, después de un largo rato pensando, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115479478279904188?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115479478279904188/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115479478279904188&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115479478279904188'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115479478279904188'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xvi.html' title='El ladrido desaparecido (XVI)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115460589501987951</id><published>2006-08-03T13:49:00.000+02:00</published><updated>2006-08-03T13:54:43.643+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XV)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Y el señor Constancio se incorporó, la mano derecha apoyada en la espalda para darse fuerzas y se dirigió hacia una de las vitrinas, en concreto la que se encontraba justo a la derecha de la mesa, en la segunda estantería contando desde arriba. Sacó del bolsillo izquierdo un llavero repleto de llaves y seleccionó una muy pequeña. Abrió la puertita de la vitrina y seleccionó una de las cajas, que llevó hasta donde estaba Isabela. La cajita tendría unos seis centímetros de diámetro, era de cristal transparente y con una gruesa tapa de color marrón. El cristal dejaba ver que la caja estaba vacía, ¡o por lo menos eso era lo que le parecía a Isabela!&lt;br /&gt;-¿Ves esta cajita? –le preguntó el señor Constancio –pues contiene nada menos que el sonido de la letra “p” de una máquina de escribir Olivetti de 1915. Espera, que te lo voy a demostrar.&lt;br /&gt;Y el anciano se puso a buscar de nuevo en su bolsillo izquierdo. ¡Vaya!, pensaba Isabela, aunque inexperta en el tema, que debía de ser un sonido muy, pero que muy valioso.&lt;br /&gt;Al poco, el señor Constancio sacó algo del bolsillo y se lo enseñó. Parecía el altavoz de una gramola de esas de principios de siglo, pero en tamaño bolsillo, con un lado muy ancho y otro muy estrecho, puntiagudo.&lt;br /&gt;-Esto sirve para poder escuchar los sonidos que tenemos guardados en las cajitas. No vale con abrir la tapa porque entonces el ruido se marcharía por ahí y luego resulta muy difícil poder volver a guardarlo.-el hombre tomó la especie de gramola en miniatura e introdujo la punta en un agujero muy pequeño, que casi no se podía ver, que había en la superficie de la tapa, a un lado. –Toma, escucha.&lt;br /&gt;E Isabela se colocó el aparato junto a la oreja. Se concentró, prestó atención y lo oyó. Era sin lugar a dudas un “tac” de máquina de escribir y de las antiguas porque el sonido era bastante diferente de como suenan las máquinas de escribir de ahora. Y eso sin compararlo con el de los teclados de ordenador, claro.&lt;br /&gt;La niña, sin duda, tenía cara de absoluta sorpresa, sin embargo, no tuvo tiempo de expresarlo en voz alta, porque al poco, el señor Constancio se llevó la cajita mientras decía:&lt;br /&gt;-Pues esto no es nada, pequeña, porque te voy a enseñar ahora un sonido que te vas a quedar aún más sorprendida.&lt;br /&gt;El anciano volvió a la alacena, que tenía la puertecita entreabierta, con lo que no tuvo que volver a buscar la llave, dejó la cajita anterior y cogió otra diferente, oculta en la fila última.&lt;br /&gt;-Éste lo conseguí hace muchos, muchos años. Se lo compré a un viejo marinero portugués que necesitaba el dinero a toda costa. Se trata del tintineo de un escudo de oro, ¡una moneda del siglo XVI! –el señor Constancio explicaba esto con perceptible admiración en sus palabras. Repitió el proceso de introducir la pequeña gramola en la tapa y le entregó la cajita a Isabela –toma, escúchalo, pero con mucho cuidado, no se estropee.&lt;br /&gt;-¡Vale! –e Isabela se llevó el pequeño objeto al oído.&lt;br /&gt; Al principio no se escuchaba nada, tardó un momento en empezar a oírse algo. Comenzó poco a poco, era el sonido de una moneda girando sobre el suelo, primero suavemente y luego progresivamente cogiendo más y más velocidad, aumentando el volumen del sonido, hasta que al de un rato pareció que el giro no daba más de sí y la moneda fue dejando de girar poco a poco, como si quedase caída sobre el suelo. Y eso que había escuchado era nada más y nada menos que un escudo de oro que tenía muchísimos años de antigüedad. Isabela se sintió una privilegiada por un momento: ¡no todo el mundo tiene la oportunidad de escuchar el tintineo de una moneda del siglo XVI!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115460589501987951?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115460589501987951/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115460589501987951&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115460589501987951'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115460589501987951'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/08/el-ladrido-desaparecido-xv.html' title='El ladrido desaparecido (XV)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115434635958487670</id><published>2006-07-31T13:42:00.000+02:00</published><updated>2006-07-31T14:59:45.276+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XIV)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;COMPRAMOS SONIDOS&lt;br/&gt;Compra-Venta de sonidos, ruidos y ecos&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br/&gt;Era un cartel antiguo, en madera, con tipografía de la de antes. Debajo se encontraba la puerta. Era también de madera, de color verde, con un amplio cristal en la parte de arriba. Una cortina granate no dejaba ver el interior. A los lados, dos pequeños escaparates en los que se mostraban pequeñas cajitas de cristal, con tapa de madera; con letreritos de papel enfrente identificando lo que había en cada caja. Toda la fachada de la tienda era de color verde y en algunos sitios se notaba cómo la pintura comenzaba a despegarse. En el cristal de la puerta había un rótulo colgado que decía: “Abierto”&lt;br/&gt;-Entrad, que la tienda eztá abierta –les dijo Gabriel a Isabela y Pluto.&lt;br/&gt;-Vale –asintió la niña, y con las dos manos empujó la puerta. Del techo había colgada una campanita, que tintineó al abrir la puerta.&lt;br/&gt;La tienda por dentro era como una joyería, pero de hace 30 o 40 años. A ambos lados, vitrinas con más cajitas, en el medio un mostrador con más cajitas aún, un par de relojes de péndulo colgados de la pared y entre medias una puerta que ocultaba su interior con una cortina de color granate. Y bueno, lo más importante, detrás del mostrador, hacia el centro, un hombre sentado que, cuando Isabela y los demás entraron, dijo:&lt;br/&gt;-¡Hombre, Gabriel! ¡Cuánto tiempo sin venir por aquí!&lt;br/&gt;¡Vaya!, se preguntó Isabela, ¿cómo podía saber el hombre que Gabriel había entrado si no podía verle y no había dicho palabra al entrar?&lt;br/&gt;-El zeñor Conztancio tiene un oido muy fino –le dijo Gabriel a Isabela en bajito- y puede oírme incluso cuando no haya dicho nada.&lt;br/&gt;Y a continuación, dirigiéndose al coleccionista de sonidos:&lt;br/&gt;-¡Hola, zeñor Conztancio! ¡Hacía tiempo que no le veía! –y así se pusieron a hablar como dos viejos amigos que hacía tiempo que no se encontraban.&lt;br/&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;img src="http://timburtonstown.bsospirit.com/constancio.jpg" align="center" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br/&gt;Isabela se fijó en el señor Constancio: era un hombre que debía de tener unos 60 años. Era calvo, con algo de pelo blanco a los lados, tenía bigote y perilla, igualmente blancos y espesas cejas. Usaba gafas, pero era de ésas que se utilizan más para leer porque siempre miraba por encima de ellas. Era delgado y vestía con camisa de cuadros, llamativos tirantes oscuros y pantalones de pana.&lt;br/&gt;Entonces, el señor Constancio interrumpió su conversación con Gabriel y se dirigió a Isabela:&lt;br/&gt;-Pero bueno, ¿quién es esta niña tan mayor que tenemos aquí? ¿Y este perro tan simpático?&lt;br/&gt;-Hola, me llamo Isabela y este es mi perro Pluto.&lt;br/&gt;-Hola, Isabela, nunca te había visto por mi tienda. Seguro que nunca habías visto una colección de sonidos tan grande.&lt;br/&gt;-¿Sonidos? No, creo que no –respondió Isabela dubitativa. ¿Cómo iba a ver sonidos si los sonidos únicamente se oyen? Y en la tienda tan solo se escuchaba a ella, a Gabriel y al señor Constancio.&lt;br/&gt;-Sí, ¿no ves todas esas cajitas que tengo en las vitrinas? Cada una contiene un sonido cuidadosamente guardado. –el señor Constancio le hablaba a Isabela agachado para poder mirarla a la altura de la cara, mirando siempre por encima de los anteojos -Se trata de sonidos muy raros de encontrar y muy caros. A mucha gente que colecciona ruidos le gustaría poder tenerlos. Ven, te voy a enseñar algunos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115434635958487670?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115434635958487670/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115434635958487670&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115434635958487670'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115434635958487670'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/07/el-ladrido-desaparecido-xiv.html' title='El ladrido desaparecido (XIV)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115418973376550084</id><published>2006-07-29T18:12:00.000+02:00</published><updated>2006-07-29T18:15:33.776+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XIII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-No, hace tantos días Pluto aún ladraba –dijo Isabela, un poco alicaída en ese momento.&lt;br /&gt;Gabriel pareció notar el tono triste de la niña. Además, Pluto miraba a su dueña de un modo interrogativo, que parecía estar preguntando: “¿Y mi ladrido, no estaba aquí mi ladrido?”&lt;br /&gt;-Dejadme penzar –dijo la voz en tono meditabundo- zi el ladrido no eztá aquí, en el rincón, ¿dónde podría eztar...?&lt;br /&gt;Isabela miraba expectante a ese lugar en mitad del aire de donde venía la voz y no podía más que imaginarse que, si Gabriel fuera una persona, estaría en ese momento frotándose la barbilla con cara de concentración.&lt;br /&gt;-¡Ya eztá! –dijo entonces –creo que conozco a una perzona que noz podría ayudar. Se trata del zeñor Conztancio.&lt;br /&gt;-¿El señor Constancio? No le conozco, ¿quién es? –preguntó Isabela.&lt;br /&gt;-Ez un hombre ya mayor. Ez un coleccionizta de zonidoz. Y creo que puede zer la mejor perzona para ayudarnoz a encontrar el ladrido de Pluto. Tiene una tienda a laz afueraz de Villaldea. Te acompaño, que puede que no zepaz cómo llegar.&lt;br /&gt;-¡Ah, vale, gracias! –dijo Isabela, de nuevo ilusionada. –Vamos, Pluto, que hay una persona que nos puede ayudar a encontrar tu ladrido.&lt;br /&gt;Y el perro empezó a saltar, también esperanzado.&lt;br /&gt;Así los tres salieron del rincón de los ruidos perdidos, fueron por el camino que nadie se pregunta a dónde lleva, cruzaron la carretera que se situaba entre el bosque y el pueblo y entraron en éste. Gabriel llevó a la niña y al perro por varias calles hasta llegar a una zona de Villaldea que Isabela no conocía. Era bastante más antigua que el resto y las calles eran muy estrechas. Sin duda, si todas las ciudades tienen su barrio antiguo, éste debía de ser el de Villaldea.&lt;br /&gt;Mientras iban andando, Gabriel les iba explicando cosas a sus dos acompañantes:&lt;br /&gt;-El zeñor Conztancio ez coleccionizta de zonidoz, pero también ze dedica a la compra-venta de elloz. Muchoz ruidoz que ya perdieron para ziempre loz objetoz a loz que pertenecían bien por zer muy antiguoz o por haber dezaparecido para ziempre ez muy pozible que a mucha gente lez pueda interezar coleccionarloz. Por ezo ze compran y ze venden y algunoz pueden llegar a zer muy caroz, según lo raro que zea eze zonido. Imagínate tener el zonido del primer teléfono de Graham Bell, ¡eze debe de zer carízimo y el coleccionizta que lo tenga un afortunado!&lt;br /&gt;Isabela iba escuchando todo esto muy interesada. La de cosas que no sabía; había oído hablar de coleccionistas de cromos, de sellos o de obras de arte, pero, ¿de ruidos?&lt;br /&gt;Curiosamente, la pequeña, mientras andaban, se dio cuenta de una cosa que le llamó la atención. Vio algunos de los anuncios que había colgado para buscar el ladrido de Pluto, pero apenas quedaba algo de ellos Alguna persona los había arrancado y apenas había dejado restos de papel y de celofán en la pared. ¿A quién le podían molestar los carteles? Pronto, la atención de la niña se desvió a otro tema, porque Gabriel seguía hablando y explicando cosas:&lt;br /&gt;-El zeñor Conztancio conoce a mucha gente que tiene relación con ruidoz y zonidoz, por ezo yo creo que ez la perzona indicada para ayudarnoz. A travez de zu tienda eztá en contacto con muchoz coleccioniztaz y no zólo de Villaldea, zino de otroz puebloz e incluzo de otroz paízez. Ademaz, ez todo un experto en reconocer ruidoz y ha ezcrito algún artículo en reviztaz que ze dedican al tema.. ¡Ah, mira, ahí tenemoz la tienda del zeñor Conztancio!&lt;br /&gt;Mientras la voz decía estas últimas palabras, el pequeño grupo giró una esquina de una estrecha calle, donde sólo había espacio para peatones pero no para coches y las casas eran antiguas y de escasas plantas. Esta nueva calle era bastante corta y era calle de salida única, aquélla por la que habían entrado. Justo al otro extremo de la calle se encontraba la tienda del zeñor Conztancio. A medida que se iban acercando, Isabela fue contemplando los detalles del comercio.&lt;br /&gt;Era una tienda antigua, como todo el lugar en el que se encontraban. Lo primero que llamaba la atención desde la distancia era el cartel situado a unos dos metros pasados de altura:&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;COMPRAMOS SONIDOS&lt;br /&gt;Compra-Venta de sonidos, ruidos y ecos&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115418973376550084?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115418973376550084/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115418973376550084&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115418973376550084'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115418973376550084'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/07/el-ladrido-desaparecido-xiii.html' title='El ladrido desaparecido (XIII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115297940806146500</id><published>2006-07-15T18:02:00.000+02:00</published><updated>2006-07-15T18:03:28.070+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;¡Pero si eso era un maullido!, pensó Isabela en cuanto lo escuchó. Gabriel se lo echó en cara de inmediato a la centralita.&lt;br /&gt;-Centralita, ha habido una equivocación. Ezo era un maullido y no un ladrido.&lt;br /&gt;-Lo, SIENTO, mucho. Error, EN, la, BASE, de, DATOS.&lt;br /&gt;-Bueno, no paza nada –le disculpó Gabriel –incluye ezte zonido en la categoría de maullidoz y ponnoz el ziguiente ladrido.&lt;br /&gt;-Procesando... –dijo la operadora. De nuevo como antes se repitieron los ruidos y los chirridos durante unos momentos. Isabela se estaba poniendo un poco nerviosa con tanta espera. Por fin el aparato dijo algo: -Procesando, SEGUNDO, ladrido – y se oyó:&lt;br /&gt;-¡GUAU, GUAU!&lt;br /&gt;¡Vaya! Éste sí que era un ladrido de verdad, ¡pero vaya ladrido! Si parecía el de un perro enorme, como un San Bernardo o algo así. Si hasta Pluto parecía que se había asustado un poco al oírlo. Desde luego, no podía ser su ladrido. Tenía que tratarse del otro. Eso fue lo que dijo Isabela:&lt;br /&gt;-No, Pluto no ladra así. El ladrido de Pluto es más suave, tiene que ser como el ladrido de un perro más pequeño.&lt;br /&gt;-Vale, -dijo Gabriel –probaremoz con el otro, que tiene que zer eze por fuerza. –y dirigiéndose al aparato: -¡Centralita, muéztranoz el último ladrido!&lt;br /&gt;- Procesando, TERCER, ladrido –contestó la máquina, diligente.&lt;br /&gt;De nuevo, los ruidos y los chisporroteos, un momento de espera que tan nerviosa le ponía a Isabela y al de un rato por fin se pudo oír:&lt;br /&gt;-¡Guau!&lt;br /&gt;Otro ladrido, sí, ¡pero éste tampoco era el de Pluto! En esta ocasión parecía más el de un perro diminuto, como esos tan peludos que suelen tener las señoras mayores. Y el ladrido de Pluto no era ni tan fuerte como el anterior ni tan chillón como éste. ¡Qué decepción! ¿Y qué iban a hacer ahora?&lt;br /&gt;-Ése tampoco es el ladrido de Pluto –dijo Isabela –es más fuerte que ése pero no tanto como el de antes.&lt;br /&gt;-Vaya, puez zí que ez raro –dijo Gabriel y en tono meditabundo, añadió-¿y no te guztaría que Pluto tuviera un ladrido diferente? Le podemoz poner uno de eztoz, aunque no zea el zuyo.&lt;br /&gt;-¡No! –respondió Isabela tajante –Yo quiero que Pluto vuelva a ladrar como siempre, no que tenga el ladrido de un chucho desconocido.&lt;br /&gt;Incluso Pluto puso cara de enfado ante la idea. Gabriel se disculpó:&lt;br /&gt;-Vaaale, vale, tal vez no ha zido buena idea. Le preguntaré de nuevo a la máquina. ¡Centralita, dime de cuándo ez el último ladrido que haya entrado en el rincón antez de loz que noz haz moztrado!&lt;br /&gt;Y la operadora, después de repetir todo el proceso que os he contado antes, respondió:&lt;br /&gt;-El, LADRIDO, anterior, ES, de, HACE, cinco, DÍAS.&lt;br /&gt;¡Cinco días! Pero hace todo ese tiempo Pluto aún podía ladrar. Isabela recordaba perfectamente cómo, paseando por la calle, su perro le ladraba a las palomas y se divertía asustándolas. Por tanto, ése no podía ser el ladrido que andaban buscando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115297940806146500?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115297940806146500/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115297940806146500&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115297940806146500'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115297940806146500'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/07/el-ladrido-desaparecido-xii.html' title='El ladrido desaparecido (XII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115278679328873893</id><published>2006-07-13T12:17:00.000+02:00</published><updated>2006-07-13T12:33:13.343+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (XI)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Y los tres, Gabriel, Isabela y Pluto se pusieron en movimiento. Resultaba extraño ir allí de un sitio a otro ya que todo era una extensa explanada de hierba donde la única referencia era el borde del bosque. Ahora resultaba más o menos fácil saber por dónde estaban yendo porque andaban cerca de los árboles. También podía servir de referencia el hecho de que a medida que andaban iban oyéndose nuevos sonidos como por ejemplo el batir de las olas oído desde una caracola, la sirena de un camión de bomberos, una carraca dando vueltas, una batidora en funcionamiento... Al margen de todo esto, la niña se preguntaba dónde podía haber allí una centralita porque por mucho que mirara a lo lejos no veía aparato alguno ni mucho menos un triste enchufe donde conectarlo.&lt;br /&gt;Isabela iba pensando en todo esto mientras Gabriel seguía explicando cosas:&lt;br /&gt;-La verdad ez que fue una zuerte que llegara la centralita porque me ha zimplificado mucho el trabajo. Ahora ella ez la que toma nota de todo y cuando nececito información ella ez la que me la da. Zólo tengo que pedírcelo. ¡Ah, mira! Aquí eztá.&lt;br /&gt;Lo de “mira” era una forma de hablar, claro, porque ahí delante no había más que otro pedazo de explanada verde totalmente vacía. Fue en ese momento cuando Isabela lo entendió. Claro, al decir centralita, Gabriel se refería a la voz de la máquina, no al aparato entero en sí. ¡Si es que resultaba difícil acostumbrarse a un lugar donde todo no eran más que ruidos!&lt;br /&gt;-Le voy a preguntar a la centralita a ver cuántoz ladridoz han llegado al rincón en loz últimoz doz díaz, ¿vale? Zeguro que el de Pluto eztá entre elloz.&lt;br /&gt;-¡Vale! –dijo Isabela ansiosa, y dando una rápida caricia en el lomo del perro añadió: –¡Pluto, que seguro que vas a poder ladrar muy pronto!&lt;br /&gt;-Bien, vamoz allá. –dijo Gabriel y en tono muy serio, exigió: -¡Centralita, dime todoz loz ladridoz que han entrado en el rincón en loz últimoz doz díaz!&lt;br /&gt;Y de modo casi inmediato la máquina (o bueno, la voz de la máquina) dio una respuesta. Era una voz grabada de esas típicas de teleoperadora que parece que cada palabra va por su lado y no tienen nada que ver cada una con la otra. La voz dijo:&lt;br /&gt;-ESTOS DOS DÍAS, han llegado, TRES, ladridos, NUEVOS.&lt;br /&gt;A Isabela le sorprendió un poco ver qué eficiente era la centralita. Gabriel se dirigió a la niña:&lt;br /&gt;-Ahora le voy a pedir que noz deje oír cada uno de loz ladridoz para ver cuál ez el de tu perro.&lt;br /&gt;-¡Vale! –asintió la pequeña.&lt;br /&gt;-Centralita, déjanoz oír el el primer ladrido –pidió Gabriel con un tono bastante autoritario.&lt;br /&gt;-Procesando... –respondió la máquina. Empezó a hacer unos chirridos y ruidos varios y de pronto dijo: -espere, UN, momento, POR FAVOR&lt;br /&gt;Vaya, parece que ahora le estaba costando un poco más a la máquina dar con la petición. Entonces contestó:&lt;br /&gt;-Procesando, PRIMER, ladrido –unos ruidos más y en ese momento se oyó:&lt;br /&gt;-¡Miaaaaauuuuu!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115278679328873893?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115278679328873893/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115278679328873893&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115278679328873893'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115278679328873893'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/07/el-ladrido-desaparecido-xi.html' title='El ladrido desaparecido (XI)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115262021744751067</id><published>2006-07-11T14:12:00.000+02:00</published><updated>2006-07-12T14:38:10.276+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (X)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-¡¿Y eso era el sonido de una sonrisa?! –preguntó la niña asombrada.&lt;br /&gt;-Zí, jeje. ¿Zorprendida, eh? Mira, parece que le haz caído bien, porque ze zigue ezcuchando.&lt;br /&gt;Y la niña pudo oír más suaves “tin”, “tin” a su lado, moviéndose de arriba hacia abajo repetidamente como si estuviera riéndose (aunque yo me pregunto cómo podrá reírse una sonrisa).&lt;br /&gt;-Puez prezta atención a ezto ahora –continuó Manuel, también divertido -¿A que tampoco zabíaz que loz edificioz tienen ruido propio?&lt;br /&gt;-¿Las casas? Pero si están quietas y no se mueven, ¿cómo van a hacer ningún ruido?&lt;br /&gt;-Puez zí, laz cazaz tienen un “rumrum” que ez fácilmente reconocible. Zi te agachaz y ezcuchaz junto al zuelo podraz oírlo. Ze trata del edificio aquel de doce plantaz junto al ayuntamiento que derribaron hace unoz añoz, ¿te acuerdaz?. Prezta atención.&lt;br /&gt;Isabela se agachó y acercó la oreja junto a la hierba. Pluto le miraba extrañado de un modo que parecía preguntarse: ¿pero qué está haciendo esta chica? Sin embargo, la niña seguía concentrada, como le pedía Gabriel, tratando de escuchar algo y, al igual que antes, ¡de pronto lo oyó! Era como lo había descrito Gabriel: un “rumrum” constante, monótono, que se repetía sin parar, casi inaudible si no esperabas encontrar ese sonido ahí. Un ruido grave, pesado, ¡realmente parecía pertenecer a un edificio de doce plantas! Isabela, con los ojos como platos, no podía dejar de escucharlo. Gabriel, al final, interrumpió la concentración de la niña:&lt;br /&gt;-Zorprendida, ¿verdad? Hay tantaz cozaz de loz ruidoz que no conocez. Pero oye, que no me haz contado aún el motivo de por qué haz venido aquí.&lt;br /&gt;-¡Ah, sí, claro! –Isabela se levantó del suelo y se sacudió los pantalones, manchados de hierba –se trata de mi perro Pluto.&lt;br /&gt;-¿Qué le paza a nueztro amiguito Pluto? Eztaz tan callado que cazi ni me había dado cuenta de que eztabaz aquí –dijo la voz, dirigiéndose al animal. Éste miraba al aire, ahí más o menos donde debía de estar Gabriel.&lt;br /&gt;-Resulta que se le ha perdido su ladrido. Por eso está tan callado. Había ido a la emisora de Villaldea a poner un anuncio para ver si alguien podía ayudarme a encontrarlo y allí Manuel, Raquel y Daniel me dijeron que viniera aquí porque igual el ladrido podía estar en el rincón de los ruidos perdidos.&lt;br /&gt;-¡Ah! Puez te han indicado bien porque en ezte lugar yo zoy el rezponsable de que todo ezté en orden. Hubo un tiempo en que quize trabajar con elloz en la radio, pero con ezte ligero problema de ceceo (que tal vez hayaz notado) la coza no habría funcionado. Por ezo, mi trabajo ez vigilar todo lo que entra y todo lo que zale de aquí (que algunoz zonidoz también ze marchan de aquí cuando ze reencuentran con el objeto o con la coza a la que pertenecen), de modo que zi el ladrido de tu perro ha entrado aquí, yo zabré decírtelo.&lt;br /&gt;-¡Qué bien! –gritó Isabela, mientras, al mismo tiempo pensaba: “Qué curioso, una voz y que cecea”.&lt;br /&gt;-Ven –dijo Gabriel –te enceñaré donde tengo mi centralita que ez la que controla todoz loz movimientoz en el rincón.&lt;br /&gt;-Vale –dijo Isabela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115262021744751067?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115262021744751067/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115262021744751067&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115262021744751067'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115262021744751067'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/07/el-ladrido-desaparecido-x.html' title='El ladrido desaparecido (X)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115244793495035469</id><published>2006-07-09T14:19:00.000+02:00</published><updated>2006-07-10T17:53:28.226+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (IX)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;No estaba segura de que pudiera oírle porque con todo el barullo que había a su alrededor, era difícil hacerse notar por encima del ruido. A su izquierda, una taladradora parecía querer agujerear el suelo (aunque éste seguía intacto por mucho estruendo que hiciese la máquina) y a la derecha, justo en ese momento pareció cruzar un coche de carreras, con prisa por ser el primero en llegar a la meta. Isabela lo volvió a intentar:&lt;br /&gt;-¡Gabrieeeel, Gabrieeeel! –mientras gritaba giraba la cabeza hacia un lado y el otro a ver si de este modo conseguía que su voz llegase a más sitios.&lt;br /&gt;Ya estaba Isabela a punto de gritar por tercera vez, cuando entonces se oyó lo siguiente:&lt;br /&gt;-Zí, zí, eztoy aquí. No hace falta que gritez, no eztoy zordo.&lt;br /&gt;-¡Hola! ¿Eres tú Gabriel? –dijo Isabela, mirando hacia el lugar de donde le parecía que provenía la voz.&lt;br /&gt;-Zí, yo zoy Gabriel. ¿Y tú quién erez? No ez muy habitual encontrarze por aquí a algo que no zea un ruido, un zonido, un eco o una voz, la verdad.&lt;br /&gt;-Yo me llamo Isabela. Había venido aquí porque unos amigos tuyos que trabajan en la radio me habían dicho que podías ayudarme con un problema.&lt;br /&gt;-¿Amigoz míoz de la radio? ¿No vendraz de parte de Manuel?&lt;br /&gt;-Sí, y de Raquel y de Daniel.&lt;br /&gt;-Ah, puez zi elloz te han mandado aquí ez porque debez de zer una buena chica. Ven, acompáñame, vamoz a un zitio maz zilenziozo –y la voz que era Gabriel empezó a andar, o a moverse cuando menos, porque ¿cómo andan las voces, me pregunto yo?&lt;br /&gt;Isabela y Pluto le siguieron. Como iba hablando mientras se movía, les era más fácil seguirle. Esto era lo que decía:&lt;br /&gt;-Zeguramente Manuel te habrá contado algo de lo que ez el rincón de loz ruidoz perdidoz. Como zabráz, cuando a algo ze le pierde zu zonido, ézte deambula perdido por ahí una temporada, hazta que al final viene a parar a ezte lugar. Aquí donde vez ze concentran todoz loz zonidoz que ze han perdido en Villaldea y loz puebloz de alrededor durante muchoz, muchoz añoz. Aquí ze pueden encontrar ruidoz de todaz laz cozaz que te puedaz imaginar. Porque incluzo el objeto maz inzozpechado tiene zu zonido particular.&lt;br /&gt;Gabriel interrumpió un segundo la charla y entonces dijo:&lt;br /&gt;-Ah, mira, ézte ez un zitio tranquilo. Quedémonoz aquí. –Isabela se detuvo, junto con Pluto. Tal y como decía Gabriel, aquél era un lugar donde había menos ruido -Como te decía, Izabela, incluzo ezaz cozaz que penzabaz que no hacían ningún ruido en abzoluto, tienen el zuyo propio. Zi te fijaz, juzto a tu derecha, tienez una zonriza haciendo zu “tin” tan caracteríztico.&lt;br /&gt;-¿Una sonrisa haciendo “tin”? Pero si las sonrisas son silenciosas –empezó a protestar la niña.&lt;br /&gt;-Calla un momento, que zi no, no lo vaz a ezcuchar –interrumpió Gabriel –Fíjate.&lt;br /&gt;E Isabela se calló, trató de concentrarse y se esforzó en escuchar algo a su derecha a la altura de la cabeza. Pasó un momento de silencio (bueno, de relativo silencio, porque de fondo, aún retumbaba toda la barahúnda del rincón los ruidos perdidos, aunque ahora un poco atenuado por la distancia respecto a donde estaban antes). Pasó un rato de silencio, como decía, y sí, entonces Isabela lo pudo escuchar: era un “tin” suave, ligero, como el producido por una campanita pequeña, pero hecha también de metal fino, un “tin” casi imperceptible si no le prestas atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115244793495035469?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115244793495035469/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115244793495035469&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115244793495035469'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115244793495035469'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/07/el-ladrido-desaparecido-ix.html' title='El ladrido desaparecido (IX)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115228402858279516</id><published>2006-07-07T16:52:00.000+02:00</published><updated>2006-07-07T16:53:48.583+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (VIII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Y así que se pusieron a correr los dos, la niña y el perro, siguiendo el camino, primero una ligera curva a la derecha, luego otra a la izquierda, después empezaba a registrarse una leve pendiente ascendente, más tarde continuaba el camino todo recto... Y cada vez los sonidos eran mayores y sonaban más fuerte. Tenía que ser una ciudad muy grande porque la cantidad de ruido era enorme, el estruendo como de una gran avenida repleta de bullicio, justo a la vuelta de la esquina. ¿Cómo era posible que algo así tan grande no lo hubiera conocido nunca a pesar de lo pequeño que era el pueblo de Villaldea?&lt;br /&gt;Isabela empezaba a estar excitada ante este descubrimiento y lo mismo ocurría con Pluto, que tenía los ojos muy abiertos, mientras corría con la lengua fuera. El camino en ese momento había tomado una pendiente muy pronunciada y correr ahora resultaba más costoso. La niña se detuvo un rato para descansar y miró a lo alto, para ver cuánto le quedaba de recorrido y resultó que ahí estaba el final del camino. Los árboles se acababan súbitamente y podía ver una especie de abertura por la que entraba la luz sin ningún tipo de trabas.&lt;br /&gt;-¡Ahí está! ¡Corre, Pluto, que ya llegamos! –gritó Isabela, echando a correr y casi sin aliento.&lt;br /&gt;Ahora la algarabía de ruidos era enorme. Tenía que ser un lugar saturado de cosas y objetos y personas para poder organizar semejante bullicio. Esto era lo que pensaba la pequeña mientras subía el último tramo del camino. La curiosidad le podía, tenía que saber qué era lo que había al final de la senda. Así, entre jadeos, llegó a la salida del camino, echó una rápida mirada y vio que lo que había era... ¡nada!&lt;br /&gt;Frente a ella no había más que una extensa explanada, una enorme planicie de hierba verde que se extendía frente a ella totalmente vacía. Lo único que se podía ver eran los árboles del frondoso bosque que ponían límite a este enorme vacío. Ni siquiera un solitario arbusto, ni una mancha, no había nada. Y lo que era más extraño de todo es que el enorme bullicio, la enorme cantidad de sonidos que venía oyendo estaban ahí, justo enfrente de ella.&lt;br /&gt;Ruido de coches, de motos, de aviones, golpes contra el suelo (eso a pesar de que ahí no había suelo sólido), rugidos, gruñidos, arañazos, notas musicales dispersas, portazos, estornudos, taconeos, arañazos contra la pizarra de esos que dan dentera, el sonido de una ventolera, chapoteos contra el agua, el crepitar del fuego, sonido de lluvia y de granizo al mismo tiempo, el timbre de un teléfono, las interferencias de la tele, el tic-tac de un reloj, una multitud airada, un avión al tomar tierra, el golpeteo de una ventana mal cerrada...&lt;br /&gt;Isabela se sentía un poco abrumada y un poco desorientada. Claro, allí en la entrada de esa planicie que estaba tan vacía pero a la vez parecía tan llena. A Pluto le sucedía tres cuartos de lo mismo y se refugiaba detrás de las piernas de la niña. Seguro que en aquel momento era cuando más echaba de menos el poder ladrar para gritarle a esa situación tan extraña y desconcertante. Isabela trató de tranquilizarse, lo que tenía que hacer era llamar a Gabriel, como le habían dicho los chicos de la radio, que él le ayudaría. Ella no veía a nadie, pero, claro, si Gabriel era una voz, ¿cómo iba a poder verle?&lt;br /&gt;-¡Gabrieeeel, Gabrieeeel! –gritó poniendo las manos a los lados de la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115228402858279516?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115228402858279516/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115228402858279516&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115228402858279516'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115228402858279516'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/07/el-ladrido-desaparecido-viii.html' title='El ladrido desaparecido (VIII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115210292923104625</id><published>2006-07-05T14:34:00.000+02:00</published><updated>2006-07-07T16:49:26.896+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (VII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-Ah, pues muchas gracias –se alegró Isabela –ahora mismo voy corriendo para allí.&lt;br /&gt;-Espera, espera, Isabela –la detuvo Manuel – cuando llegues allí tienes que buscar a Gabriel, él es quien organiza un poco todo eso y será quien sabrá decirte si el ladrido de Pluto se encuentra por ahí o no.&lt;br /&gt;-Gabriel es amigo nuestro –continuó Daniel –si le dices que vienes de nuestra parte, seguro que te ayudará. Si no le ves, grita su nombre, que aparecerá enseguida.&lt;br /&gt;-Vale, vale, muchas gracias por la ayuda –la niña estaba que daba saltitos, impaciente por poder irse ya.&lt;br /&gt;-De nada. Recuerda que para cualquier cosa que necesites ayuda, aquí estaremos para echarte una mano –dijo Manuel.&lt;br /&gt;-¡Vale, vale! Corre, ven, Pluto –y la niña se marchó corriendo, mientras Manuel, Raquel y Daniel la miraban divertidos (bueno, la miraban como quiera que sea que miran las voces).&lt;br /&gt;Y así que corriendo fueron por la calle Isabela y Pluto, con la lengua fuera, hasta llegar a la carretera.&lt;br /&gt;Efectivamente, enfrente de ellos, al otro lado de la carretera se encontraba un bosque, detrás de una valla. Mirando a su izquierda, la niña vio un paso de cebra que conducía al otro lado, ahí tenía un arcén por el que podía caminar hasta encontrar aquel camino. Cruzó la carretera, junto con Pluto y comenzaron a andar hacia su izquierda, al lado de la valla. Isabela, aunque había pasado por ahí en coche varias veces, no recordaba ningún camino, pero si las voces de la radio se lo habían dicho sería porque estaba ahí.&lt;br /&gt;Al de un rato de andar, ¡sorpresa!, ahí se encontraba el camino. Y sí que lo había visto Isabela varias veces, sólo que nunca se había preguntado a dónde llevaba. Era extraño, pero la niña miraba y miraba el camino y realmente no sentía curiosidad de saber a dónde se iba con él. Por algo, Raquel lo había llamado el camino que nadie se pregunta a dónde lleva. Seguramente por eso, nadie conocía el rincón de los ruidos perdidos ni le había hablado de él. Incluso, ya estaba empezando a perder el interés por ir por ahí y Pluto no hacía más que olisquear de aquí a allá aburrido. ¡Pero no!, debía seguir, que al final del camino se encontraba la respuesta al misterio del ladrido de su perro.&lt;br /&gt;-Venga, Pluto, no perdamos más tiempo, que tenemos que seguir por aquí –le dijo la niña al perro, con decisión.&lt;br /&gt;Y se pusieron a andar por el camino, que era un camino de tierra marrón claro que se abría hueco entre los árboles. El bosque en esa zona era muy espeso y andando por el camino resultaba imposible poder atisbar la carretera que habían cruzado hacía un momento. Tan espesa era la vegetación que algunos árboles de un lado y otro del camino entrecruzaban sus ramas en lo alto y disminuían la cantidad de luz que entraba hasta el suelo. De hecho, tratando de mirar a lo lejos, no alcanzabas a ver el final del camino, debido en parte a la espesura y a los suaves giros que éste realizaba. El ambiente era un poco misterioso, incluso Pluto miraba a los árboles de alrededor con un aire de desconfianza.&lt;br /&gt;-Vamos, Pluto, un poco más rápido, que seguro que ya falta poco –le conminó Isabela.&lt;br /&gt;Y fue en ese momento, cuando la niña empezó a escuchar algo a lo lejos, era como muchos ruidos, como el jaleo propio de una ciudad. No tenía mucho sentido ahí en medio del bosque, pero era lo que parecía. Sin duda, ya debían de estar cerca del rincón de los ruidos perdidos.&lt;br /&gt;-¡Corre, corre, Pluto! ¡Que ya casi estamos!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115210292923104625?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115210292923104625/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115210292923104625&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115210292923104625'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115210292923104625'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/07/el-ladrido-desaparecido-vii.html' title='El ladrido desaparecido (VII)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115193824524852353</id><published>2006-07-03T15:40:00.000+02:00</published><updated>2006-07-03T16:52:38.043+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (VI)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-Tú, Isabela, tendrás que abrir la puerta. Como sabes, los sonidos podemos atravesar las puertas, siempre que no sean demasiado gruesas que no dejan oír lo que está al otro lado. No tengas miedo y abre la puerta, que yo ya les aviso a mis amigos.&lt;br /&gt;Y mientras decía esto, la voz se fue desvaneciendo hasta que desapareció por completo. Isabela pegó la oreja a la puerta y pudo escuchar unas voces atenuadas que llegaban desde detrás. Parecía que estaban hablando las tres voces entre ellas. Decidió llamar con el puño.&lt;br /&gt;-¡Pasa, pasa, Isabela, no tengas miedo! –esa voz que contestaba era Manuel.&lt;br /&gt;Por fin, se decidió a entrar y abrió la puerta. Dentro se encontró lo que era un típico locutorio de radio con sus mesas repletas de clavijas que era imposible saber para qué se utilizaban, micrófonos, baldas repletas de CDs musicales a un lado... Y el cuarto aparentemente vacío si no fuera porque Isabela ya sabía que estaba ocupado por tres voces. Bueno, aparte de ella y Pluto, claro.&lt;br /&gt;-Hola, Isabela, yo soy Raquel, trabajo aquí en la radio, ¿cómo estás? –ésta que había hablado era una voz de chica, se notaba muy claramente.&lt;br /&gt;-Bien –contestó Isabela.&lt;br /&gt;-Y yo soy Daniel, ¿así que ése es tu perro Pluto, que no sabe donde ha dejado su ladrido? –y ésta era voz de chico, diferente a la de Manuel, pero de chico.&lt;br /&gt;-Sí, había venido a la radio para poner un anuncio a ver si alguien lo había encontrado.&lt;br /&gt;-Bueno, pues creo que no va a hacer falta porque aquí sospechamos dónde puede estar el ladrido de tu perro –dijo Daniel.&lt;br /&gt;-Sí –continuó Manuel –te voy a contar una cosa: tal vez no sepas que a menudo sucede que a los objetos se les pierde su sonido. Cuando esto pasa, normalmente, suelen vagar por ahí perdidos, haciendo ruido, pero de manera totalmente independiente de las cosas a las que pertenecían que, claro, se quedan completamente silenciosas. Lo que ocurre con estos sonidos extraviados es que más tarde o más temprano van a parar a un sitio donde se concentran todos estos ruidos perdidos. Por lo general, cada pueblo, localidad o provincia suele tener un rincón de ruidos perdidos, incluso Villaldea tiene uno. De hecho, nosotros, los de la radio vivimos ahí. Seguramente, el ladrido de Pluto esté por allí, sin saber qué hacer.&lt;br /&gt;-¿Y dónde está el rincón de ruidos perdidos de Villaldea? –preguntó Isabela.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Pues tienes suerte, porque está muy cerquita de aquí –contestó Raquel –tú sigue la calle en la que estamos hasta el final, en que la corta la carretera. Como sabes enfrente hay un bosque, si sigues un poco hacia tu izquierda verás un camino que se introduce en el bosque. Ése es el camino que lleva al rincón de ruidos perdidos de Villaldea. No lo suele utilizar nadie porque es un camino que nadie se pregunta a dónde lleva, casi seguro que ni tú lo conocías. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115193824524852353?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115193824524852353/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115193824524852353&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115193824524852353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115193824524852353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/07/el-ladrido-desaparecido-vi.html' title='El ladrido desaparecido (VI)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115158927933279293</id><published>2006-06-29T15:43:00.000+02:00</published><updated>2006-06-29T16:00:59.406+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (V)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;-Ah, vale, ¿pero por qué no puedo verte?&lt;br /&gt;-Porque no soy una persona normal y corriente como eres tú. Yo soy una voz. ¿No sabías que todos los programas de todas las emisoras de radio de todos los sitios las hacen voces? Como sólo se nos oye no hace falta contratar a personas. Yo me llamo Manuel.&lt;br /&gt;Vaya, todo esto Isabela no lo sabía y se quedó bastante sorprendida. ¿Así que todas esas voces que oía que salían de la radio no eran más que eso, voces? Aunque la verdad es que, bien pensado, la cosa tenía mucha lógica, ¿quién mejor para trabajar en la radio que una voz? Seguro que a cualquier otra persona le hubiera parecido la cosa más natural del mundo. Manuel se dio cuenta del desconcierto por el que estaba pasando la niña y las muchas ideas que en aquel mismo momento estaban dando vueltas en su cabeza.&lt;br /&gt;-Que no te parezca tan extraño. Justo detrás de esa puerta están Daniel y Raquel haciendo el programa de peticiones musicales. Por cierto, no me has presentado a tu amigo canino, tan silencioso que está.&lt;br /&gt;-Ah, sí, me había olvidado de él, es mi perro Pluto, y en realidad es el motivo por el que he venido aquí a la emisora –la niña se agachó hasta el perro y le acarició la cabeza. Lo cierto es que el animal también parecía nervioso, como si no acabase de entender del todo de donde venía aquella voz que hablaba.&lt;br /&gt;-¿Qué le pasa, cuéntame? A ver si está en nuestra mano ayudarte –preguntó Manuel, acercándose a Isabela.&lt;br /&gt;-Sí que puedes ayudarme. Pluto ha perdido su ladrido y quería poner un anuncio en la radio para ver si alguien lo ha encontrado y que se lo devuelva, por favor; que el pobre no puede quedarse sin saber ladrar.&lt;br /&gt;-Vaya, vaya, vaya, así que el pequeño Pluto ha perdido su ladrido y no sabe dónde está. –Isabela no podía verle, pero sentía como si Manuel estuviera justo enfrente del hocico de Pluto, hablándole. Entonces la voz se dirigió a la niña –Pues sí que creo que puedo ayudarte, de hecho, creo que los tres que estamos aquí en la emisora trabajando sabemos dónde puede estar el ladrido de tu perro.&lt;br /&gt;-¿Sí? ¿Dónde, dónde? –preguntó Isabela, ilusionada.&lt;br /&gt;-Ven conmigo, vamos a charlar con Raquel y Daniel, que creo que ahora están en una pausa del programa y podremos hablar. El locutorio es en ese cuarto de la derecha. Sígueme.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Isabela asintió y siguió a Manuel. Se hacía algo extraño seguir a una persona, bueno, a una voz, a la que no podías ver pero sí podías escuchar cómo seguía diciendo cosas a medida que se iba acercando a la puerta señalada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Las historias de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115158927933279293?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115158927933279293/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115158927933279293&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115158927933279293'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115158927933279293'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/06/el-ladrido-desaparecido-v.html' title='El ladrido desaparecido (V)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115142224969643013</id><published>2006-06-27T17:29:00.000+02:00</published><updated>2006-06-27T17:33:28.766+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (IV)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La pequeña bajó al patio y explicó a sus dos amigos lo que había sucedido con Pluto y su idea de colocar anuncios por la calle para ver si alguien tenía noticia del ladrido perdido. En cuanto Toni y Susana supieron lo que había pasado no dudaron un momento en ayudar a Isabela y procedieron a repartirse entre los tres los anuncios que debían colgar por el pueblo. Además de todo ello, Isabela iría con Pluto a la radio a dejar el aviso, puesto que como suya era la mascota también era mayor la responsabilidad y por tanto también más tarea le correspondía.&lt;br /&gt;Así que sin más, los tres niños se pusieron manos a la obra y se dispusieron a cumplir con sus labores cada uno por su lado. Isabela, la parte que más nos interesa, se fue acercando a la emisora de radio, mientras iba colocando los anuncios. Cuando acabó de colgarlos (que debieron de ser unos diez más o menos) se fue a la radio de Villaldea. Era una estación bastante pequeña, un edificio de un solo piso, de planta cuadrada, con una alta antena en el techo. Encima de la puerta, había un cartel así de plástico que ponía, claro: “Emisora de radio de Villaldea”. Isabela iba a llamar al timbre, pero leyó una pequeña nota que decía: “Si la puerta está abierta, no es necesario que llame al timbre” La niña se fijó y, efectivamente, la puerta estaba ligeramente abierta, de modo que, haciendo caso a lo que decía la nota, tenía permiso para poder entrar. Empujó la puerta de madera y se encontró en un recibidor, con una mesa repleta de objetos: un ordenador, hojas, papeles, lápices, clips, algún que otro libro y una silla tras la mesa, pero vacía. Daba la impresión de que la persona encargada de recibir a la gente no estaba. ¿Y a quién le iba a decir el anuncio? A su lado izquierdo había dos puertas pero le daba mucha vergüenza meterse en sitios desconocidos y privados donde podías molestar a alguien.&lt;br /&gt;Entonces alguien dijo:&lt;br /&gt;-Hola, pequeña. ¿Estás buscando algo?&lt;br /&gt;Isabela miró a su alrededor desconcertada; ¿pero quién había hablado? Si en esa habitación no había nadie, aparte de ella, ni a un lado, ni al otro, ni delante, ni detrás.&lt;br /&gt;- Ho... hola, me llamo Isabela, quería poner un anuncio para la radio. Pero no veo a nadie, ¿dónde estás?&lt;br /&gt;-Estoy aquí, justo delante tuyo –contestó la voz, que por cierto, sonaba a voz de chico pero la niña seguía sin poder ver a nadie. Miró por encima de la mesa, por debajo, pero nada. ¡Y encima a quien hablaba la situación le parecía graciosa!&lt;br /&gt;-¡Jajaja! Estoy aquí, justo detrás de la mesa. Verás, yo soy uno de los que trabaja en la radio haciendo los programas, solo que la secretaria hoy se ha puesto enferma y estoy ocupándome de su trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las aventuras de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115142224969643013?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115142224969643013/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115142224969643013&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115142224969643013'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115142224969643013'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/06/el-ladrido-desaparecido-iv.html' title='El ladrido desaparecido (IV)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115125599599730112</id><published>2006-06-25T19:17:00.000+02:00</published><updated>2006-06-25T19:22:48.296+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (III)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-¿Y ahora qué podemos hacer, Pluto? Si por lo menos supieras dónde te has dejado olvidado tu ladrido podríamos salir y buscarlo, pero... –seguía la niña echando la bronca al animal.&lt;br /&gt;Sin embargo, tanto reñir al perro no iba a servir para solucionar la situación, y además parecía que el pobre chucho ya había recibido sermón suficiente. Así lo que había que hacer era ponerse cuanto antes a tratar de solucionar la situación. ¡Pluto no podía quedarse para siempre sin su ladrido!&lt;br /&gt;Había que hacer algo. Hasta la fecha, Isabela nunca había resuelto ningún misterio, éste que os estoy contando es el primero de todos ellos y, claro, debido a la inexperiencia, no sabía qué hacer para empezar. De modo que decidió preguntar a su padre:&lt;br /&gt;-Papá, si se me perdiera una cosa por la calle, ¿qué podría hacer para encontrarlo?&lt;br /&gt;-Pues puedes probar a poner anuncios a ver si alguien ha encontrado eso que has perdido y que te avise si saben algo. –contestó. –o sino también, si ves que esto no funciona, puedes probar a poner un anuncio en la radio, que lo oye mucha gente, y así es más fácil que tengas suerte.&lt;br /&gt;Isabela dio un salto de alegría, ¡qué ideas más buenas!&lt;br /&gt;-Muchas gracias, papá, eso es lo que haré –y se marchó corriendo sin darle tiempo a su padre a preguntar qué era eso que había perdido su hija.&lt;br /&gt;Así que sin perder más tiempo, Isabela se puso a hacer carteles en los que decía que, por favor, todo aquel que encontrara el ladrido de su perro Pluto que la avisara lo antes posible. Mientras iba escribiendo todos los carteles, escuchaba la emisora de Villaldea, la radio del pueblo, y oía las voces que emergían del aparato. Había un programa en el que la gente podía poner sus anuncios y podía felicitar a sus familiares cercanos por su cumpleaños, hacer quejas o reclamaciones o también poner anuncios por la pérdida de un objeto, que era justo lo que le interesaba a Isabela.&lt;br /&gt;Estableció un plan: para no perder más tiempo, Isabela le iba a decir a varios amigos suyos para que fueran colgando carteles por vallas, postes, paredes y demás; y mientras tanto ella iría a la emisora a poner el anuncio. De paso, ya que iba de camino a la radio, podía aprovechar para colgar algún que otro cartel. &lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1269/3202/1600/cartel_ladrido.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1269/3202/320/cartel_ladrido.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Reunir a la mayoría de sus amigos no era labor complicada: solían encontrarse siempre jugando en el patio de su edificio, ése tan amplio que os he comentado un rato antes. Simplemente, Isabela se asomó a la ventana de su casa (que por si queréis saberlo, se trata de una segunda planta) y vio que abajo se encontraban Toni y Susana. Estos son dos de los mejores amigos de Isabela. Para que os hagáis una rápida idea de cómo son físicamente, os diré que Toni es un chico moreno un poco así como tirando a rellenito, mientras que Susana es una niña bastante alta, para su edad, en la que lo primero que llama la atención si la veis son sus dos largas coletas, una a cada lado de la cabeza.&lt;br /&gt;-¡Toni, Susana, necesito vuestra ayuda! –fue lo que gritó Isabela.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Las aventuras de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115125599599730112?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115125599599730112/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115125599599730112&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115125599599730112'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115125599599730112'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/06/el-ladrido-desaparecido-iii.html' title='El ladrido desaparecido (III)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115106532806382114</id><published>2006-06-23T14:15:00.000+02:00</published><updated>2006-06-23T14:24:51.083+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido (II)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1269/3202/1600/isabela.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1269/3202/320/isabela.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Pues allá vamos. Como recordaréis que os he comentado hace un momento, Pluto, el perro de Isabela, desempeña un papel muy importante en la historia. Os hablaré un poco de él. Pluto es un perro de esos ni demasiado grande ni demasiado pequeño que apenas despierta la atención cuando pasea por la calle. No es excesivamente gruñón, pero enseguida se pone a ladrar cuando se encuentra con alguna persona de la que desconfía. Si alguna vez os lo encontráis dando un paseo, puede que lo reconozcáis por la curiosa distribución del color de su corto pelo: es casi en su totalidad de color blanco, excepto la cabeza, que es de color marrón, en una graciosa coincidencia que le hace a Pluto distinguirse enseguida del resto de canes con los que se rodea.&lt;br /&gt;Pluto vive, claro está, en casa de Isabela, con sus padres y con frecuencia se convierte en uno más de los participantes de los juegos que le gustan a Isabela y a sus amigos. Como buen perro dotado de un innato instinto protector hacia sus dueños, siempre que se acercaba alguien desconocido a la casa de Isabela, Pluto comenzaba a ladrar con fuerza para avisar de la extraña presencia. Así, de este modo, la llegada del cartero era advertida siempre por los padres de Isabela con bastante antelación a que aquél golpease a la puerta. Y esto solía ser así siempre hasta que un día sucedió algo. Y algo que podemos calificar de muy importante y trascendental, ya que dio lugar no solo a una excitante aventura, sino a una larga lista de misterios y averiguaciones.&lt;br /&gt;¿Y qué es lo que pasó? Pues que un día, así de golpe y porrazo, Pluto dejó de ladrar. Y no porque al animal le hubiera entrado un súbito deseo de quedarse todo el tiempo callado, sino que se trataba de una extraña incapacidad para pronunciar sonido o ladrido alguno desde su hocico.&lt;br /&gt;Isabela se dio cuenta de ello cuando llegó el cartero a casa una mañana y vio cómo Pluto trataba de ladrar por todos los medios, abriendo la boca con todas sus fuerzas, dando saltos incluso y cómo a pesar de los esfuerzos ningún sonido salía por su hocico. Isabela podía sentir la impotencia del perro, mientras el cartero llamaba a la puerta, y Pluto mirándole a la niña, casi con tristeza en la cara, como diciendo: “Yo quería avisaros de que venía el cartero, pero no sé por qué motivo no consigo ladrar”.&lt;br /&gt;Isabela se puso a echar un vistazo al animal de arriba a abajo.&lt;br /&gt;-No parece que estés enfermo. Yo te veo muy bien –dijo la niña.&lt;br /&gt;Y tenía razón, Pluto lucía la energía y la apariencia radiante habitual; tenía buena cara, el pelaje aparentaba como siempre, podía correr y saltar como de costumbre... Isabela empezó a sospechar que, el día anterior, cuando dejó a Pluto pasear un rato solo por la calle, debió de pasearse por algún sitio poco recomendable y enredando por algún lugar desconocido, había perdido su ladrido.&lt;br /&gt;-¿Dónde estuviste anoche? –le preguntó la niña de modo recriminatorio. –Seguro que te metiste en algún sitio malo y te dejaste por ahí olvidado tu ladrido.&lt;br /&gt;El perro, que podía notar el tono de reprobación, agachaba la cabeza, avergonzado. Trataba también de ocultar la vergüenza de tener que reconocer que era verdad que había dejado perdido su ladrido por ahí, pero además lo que era peor, que no tenía ni idea de dónde podía haber sido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;Las aventuras de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115106532806382114?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115106532806382114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115106532806382114&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115106532806382114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115106532806382114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/06/el-ladrido-desaparecido-ii.html' title='El ladrido desaparecido (II)'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115092187006711398</id><published>2006-06-21T22:28:00.000+02:00</published><updated>2006-06-22T02:41:14.496+02:00</updated><title type='text'>El ladrido desaparecido</title><content type='html'>Muchos niños saben pero pocos adultos conocen que los niños poseen una especie de percepción especial, de capacidad para ver y para sentir cosas que a los adultos se nos escapan. Tal vez sea porque cuando nos hacemos mayores y empezamos a sentir el peso de las responsabilidades y cuando aplicamos a todas las situaciones que se nos presentan una interpretación lógica y racional, tal vez sea por todo esto que los que nos hacemos adultos perdemos esta capacidad, este sexto sentido e incluso nos olvidamos de que una vez la tuvimos. Cosas que no están ahí, voces que no escuchamos, lugares imaginarios, historias que parecen simplemente el fruto de la inagotable fantasía de los más pequeños... todas estas son cosas que nuestra cerrada y obtusa percepción no consigue abarcar.&lt;br /&gt;Quizás a ti que lees esto no te esté contando nada nuevo que no supieras ya; o más bien seas de los que pienses que efectivamente todo no sea más que patrañas de las muchas que les gusta inventar a los chavales para desespero de los adultos. Tanto pienses de un modo como del otro, se trataba todo esto de una explicación necesaria para hacerte entender las historias que te voy a contar. Las aventuras de una niña cuyas peripecias solamente son creíbles si se toman desde el punto de vista del niño que las ha vivido. Yo, por muy sorprendentes o inverosímiles que puedan parecer, sé que son ciertas, ya que ella misma me las ha contado y ¿qué motivo iba a tener ella para mentirme? Aunque debido a mi condición de hombre de mediana edad, soy consciente de que nunca podré alcanzar a atisbar algunos de los acontecimientos que esta niña ha vivido (ni siquiera aunque sucedieran justo enfrente de mis narices), sí que puedo contároslos a ti y a todos los que leeis esto para haceros partícipes de estas fantásticas historias.&lt;br /&gt;La niña de la que os hablo, y que ya tendréis curiosidad de conocer, se llama Isabela. Si tuvierais la oportunidad de conocerla y de verla frente a vosotros seguramente os parecería una niña de lo más normal y nada propensa a vivir extraordinarias aventuras: niña de 11 años, pelo castaño que le cae casi hasta los hombros, una pequeña coleta a la derecha, cara redonda, cubierta de pecas.... Ni siquiera su ropa llama excesivamente la atención: una blusita algo descuidada que asoma siempre por encima de los pantalones, los cuales podemos ver que se trata de unos vaqueros de lo más corrientes.&lt;br /&gt;Isabela vive donde lo hace éste que os cuenta, en Villaldea, un pueblito de esos de tantos situado en una localidad de esas de tantas. Vive con sus padres y tiene una hermanita, Sonia, de un año y aún muy pequeña como para decir cosas y expresar las muchas opiniones que bullen en su diminuta cabecita. La familia de Isabela también resulta de lo más corriente, con las preocupaciones y los agobios continuos de la vida diaria: que si el trabajo, las facturas, el dinero a fin de mes... en fin, todo eso que ya conocéis. Ah, se me olvidaba, Isabela tiene un perro, Pluto (sí, igual que el perro de los dibujos animados) que, sin querer adelantar nada más, desempeñará un papel muy importante en la historia que os estoy contando.&lt;br /&gt;La casa de Isabela es un bloque de viviendas de varias plantas. Lo peculiar de esta casa es su patio interior que por algún antojo de un arquitecto caprichoso resulta inusualmente grande y en lugar de encontrarnos macetas con plantas o la colada de la vecina secándose, tenemos un pequeño lugar de recreo que los niños aprovechan para jugar y divertirse sin resultar de molestia para nadie. Ahí es donde suele jugar Isabela con sus amigos, niños de su edad como Pedro, como Toni, como Susana... a juegos tan típicos como el escondite, al tú la llevas, a indios y vaqueros, a encestar la pelota en una canasta dispuesta para este fin...&lt;br /&gt;Precisamente fue en esta aventura que dio lugar a su larga lista de investigaciones, en que conoció a un nuevo amigo que luego sería inseparable; y lo más curioso es que no se trataba ni de un niño ni de una niña, sino de algo totalmente diferente, aunque creo que me estoy adelantando en los acontecimientos. Tal vez lo mejor sea empezar ya con la historia, que seguramente tú lector estarás ya expectante por tener frente a ti un poco de acción y movimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las aventuras de Isabela continúan... pero será en la siguiente ocasión.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115092187006711398?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115092187006711398/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115092187006711398&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115092187006711398'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115092187006711398'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/06/el-ladrido-desaparecido.html' title='El ladrido desaparecido'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29942655.post-115073598743830229</id><published>2006-06-19T18:43:00.000+02:00</published><updated>2006-06-19T19:40:28.386+02:00</updated><title type='text'>Presentación</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hola!&lt;br /&gt;Este es un pequeño mensaje para presentar este blog sobre las historias de Isabela.&lt;br /&gt;Por lo general la gente suele utilizar los blogs para contar las cosas que les suceden, para expresar sus sentimientos, las emociones que llevan dentro... Sin embargo, sucede que mi vida es demasiado aburrida como para contarla en un blog, así que lo que había decidido era no hablar sobre mi, sino sobre otra personita, cuyas peripecias seguro que son mucho más emocionantes y entretenidas que las mías. Esta personita de la que os hablo se llama Isabela y es una niña a la que le pasan multitud de cosas emocionantes. A lo largo de los días espero poder ir contando varias de las muchas historias que le suceden y que conozco de primera mano ya que ella misma me las cuenta.&lt;br /&gt;Como seguramente sabréis de los blogs, la primera entrada que veais cada día es en realidad la última, así que si os perdéis varios capítulos tan solo tendréis que ir leyendo las diferentes entradas en orden inverso a como se os presenten.&lt;br /&gt;Esto es todo. A partir de la siguiente entrada en este blog, ya será para empezar a contar las historias de Isabela. Espero que os resulten entretenidas.&lt;br /&gt;Por cierto, me presento, mi nombre es Leolo Losón.&lt;br /&gt;Un saludo a todos los que lean esto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29942655-115073598743830229?l=lashistoriasdeisabela.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/feeds/115073598743830229/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29942655&amp;postID=115073598743830229&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115073598743830229'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29942655/posts/default/115073598743830229'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lashistoriasdeisabela.blogspot.com/2006/06/presentacin.html' title='Presentación'/><author><name>Leolo Losón</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01704686375051392761</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
